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Hislibris,nido liberal de falsificación anti-stalin

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STALIN - Hislibris,nido liberal de falsificación anti-stalin - Página 2 Empty Re: Hislibris,nido liberal de falsificación anti-stalin

Mensaje por DP9M Mar Mar 12, 2013 11:18 pm

Un tipo que dice que prefiere a Beevor a los archivos de la KGB ( cuando se supone que sus ultimas investigaciones se basan en ellos ), por que es más "entretenido" ( ojo al dato ), nos va a venir contando peliculas de quien tiene o no el cerebro lavado. Wink



Wow SS, desde luego cortar y pegar si que sabes.
He tenido la educación de de leerte y no cabe duda que es un tema que te preocupa. Y mas aún; me convenciste.
No puedo mas que darte la razón... Aunque no me negarás que Beevor es mas entretenido que los archivos de la KGB. Y tampoco podrás negarme a mi como ente ajeno a ti, pensar sobre los papeles de la KGB lo mismo que pienso de los del Mossad o la CIA: Pienso que tienen credibilidad 0 (cero)

Pues credibilidad los archivos secretos de una agencia de inteligencia, tienen, más que estimaciones, más que aproximaciones, y más que polladas varias que alimentan la literatura fantastica de los que se dedicaban a montarse peliculas durante la guerra fria para mendigar cheques a la CIA.

Si te parece, los servicios secretos con información secreta para consumo interno, tienen que rendir cuentas....¿ ante quien ? Es cuestión de fiabilidad de una fuente y lo solida que peuda ser esta. Todos los propagandistas baratos de los que se nutre esa comunidad y autores afirman que han investigado los archivos de la KGB, pero a la hora de la verdad, pasa lo que hemos visto, que salpican su charlataneria con algún dato mal puesto y no lo desarrollan más, de refilon mencionan un dato, para con ello justificar, 200 lineas siguientes de simple mierda , charlatanería. Y eso, no se puede considerar bajo ningun modo un analisis serio y menos, una pretensíon de esgrimir una opinion materialista y cientifica, porque tiene el mismo valor academico que una telenovela mexicana



Ay Granados Granados... Si te pillan en aquella Rusia diciendo "como dios manda"... Jojojo un católico latente se esconde dentro de ti, anda y tira pa ver alguna cofradía
.


Sacerdote Revolucionario.
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Teología de la liberación
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№ 33 ПИСЬМО МИТРОПОЛИТА АЛЕКСИЯ (СИМАНСКОГО) МИТРОПОЛИТУ СЕРГИЮ (СТРАГОРОДСКОМУ)

20 мая 1943 г.

Долг имею почтительнейше донести Вашему Блаженству, что во исполнение предложения Вашего Блаженства в ленинградских храмах продолжается сбор на колонну им. Димитрия Донского и в мае сего года переведено всего 1 230 000 рублей. Общая сумма взносов к сему числу равняется 5 451 343 рубля. 14 мая мною была послана И. В. Сталину телеграмма, копию коей при сем прилагаю. 17-го числа мною получен следующий ответ: "Высшая правительственная. Ленинград. Алексию, митрополиту Ленинградскому. Прошу передать православному духовенству .и верующим Ленинградской епархии, собравшим, кроме внесенных ранее, 3 682 143 рубля дополнительно на строительство танковой колонны имени Димитрия Донского, мой искренний привет и благодарность Красной Армии. И. Сталин".



Telegrama de Stalin dando las gracias y agradeciendole al Obispo de Leningrado comunicando que ya han recibido 5 451 343 rublos más los anteriores 1 230 000 dedicados a la construcción de la columna de tanques Dimitry Doskoiy ( Nombre de Principe Ruso con el que estaba bautizada la columna de tanques [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] ). Pide que se recauden lo antes posible el resto de los 3 682 143 rublos más entre los cristianos de Leningrado para terminar la construcción.


Estos son los Obispos sovieticos de Leningrado a los que iba dirigida la Carta.

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En Hislibris nos obligan a escribir propaganda capitalista, eso está claro. Pero no solo eso tenmos tan limpio el cerebro; que enseguida insultamos a los que no piensan como nosotros... Joder al final no somos tan diferentes.

bueno, seguramente si aqui se os insulta es con razón, la cual no teneis cuando encima te jactas de estudiar la historia por que prefieres dibujitos a datos puros. ¿ Se ha censurado las opiniones discrepantes con la versión germanizada de la historia en esa pagina si o no ? Pues queda todo claro.


Y ya en serio: Todos sabemos que Stalin necesitaba imperiosamente modernizar Rusia, el problema está en que lo hizo con el culo, y eso es asi hayas leído lo que hayas leído. Salud compañeros. No se molesteis en contestar pues no creo que vuelva por aqui. Prefiero ser colega de un facha con algo que decir, que de un compañero con el cerebro lavado.

No todos lo saben , para empezar por lo se ha citado de tu pagina y esos autores, estan bastante lejos de saberlo, por lo que parece.

¿ Que Stalin industrializo la URSS con el culo ?


Crecimiento económico 1928-1975:

1928-40: URSS- 5,8% EEUU- 1,7%
1940-50: URSS- 2,2% EEUU- 4,5%
1950-70: URSS- 4,8% EEUU- 2,9%
1975-85: URSS- 1,8% EEUU- 2,9%

Fuente: The Real National Income of Soviet Russia since 1928, Abraham Bergson, 1961; Measures of Soviet National Product in 1982 Prices, Joint Economic Committee, U.S. Congress.




-En los cincuenta años que van de 1913 (el punto álgido de la producción de preguerra) a 1963, a pesar de dos guerras mundiales, la intervención extranjera y la guerra civil, entre otras calamidades, la producción industrial total creció más de 52 veces. La cifra correspondiente para los EEUU fue menos de seis veces, mientras que Gran Bretaña a duras penas duplicó su producción. En otras palabras, en unas pocas décadas, gracias a la economía planificada, la Unión Soviética se transformó de una economía agrícola atrasada en la segunda potencia más importante del globo, con una poderosa base industrial, un alto nivel cultural y más científicos que EEUU y Japón juntos.


-Las zancadas adelante de la industria soviética en los años 30 coincidieron con la gran crisis y depresión en el mundo capitalista, acompañada por paro masivo y pobreza crónica. Entre 1929 y 1933 la producción industrial americana cayó un 48,7%. La American National Research League estimaba el numero de parados en marzo de 1933 en 17.920.000. En Alemania había más de seis. Estas comparaciones por sí solas nos muestran gráficamente la superioridad de la economía planificada sobre la anarquía de la producción capitalista.


-En una población que creció un 15 por ciento, el número de técnicos se multiplicó por 55.


-El número de estudiantes a tiempo completo, por seis.


-Las camas de hospital casi por diez; los niños atendidos en guarderías, por 1.385.


-El número de médicos por 100.000 habitantes era de 205, comparado con 170 en Italia y Austria, 150 en EEUU, 144 en Alemania Occidental, 110 en Gran Bretaña, Francia y Holanda y 101 en Suecia.


-La esperanza de vida se duplicó y la mortalidad infantil se redujo a una novena parte.


-En 1972, el número de médicos había aumentado desde 135.000 a 484.000 y el número de camas de hospital de 791.000 a 2.224.000.


-En el periodo de la posguerra, sin ningún Plan Marshall de ayuda, la URSS hizo avances colosales en todos los frentes. Gracias a la economía nacionalizada y a la planificación, la Unión Soviética rápidamente reconstruyó sus industrias devastadas, con tasas de crecimiento de más del 10%. Junto con EEUU, la URSS surgió de la guerra como superpotencia mundial. “La historia del mundo no conoce nada parecido”, declara Alec Nove.


-Ya en 1953, la URSS había construido un stock de 1,3 millones de máquinas-herramientas de todo tipo, el doble de las que tenía antes de la guerra. Entre 1945 y 1960, la producción de acero pasó de 12,25 a 65 millones de toneladas; la de petróleo, de 19,4 a 148; y la de carbón, de 149,3 a 513. Entre 1945 y 1964, el ingreso nacional soviético creció un 570%, comparado con el 55% en los EEUU.


-No olvidemos que EEUU salió de la guerra con todas sus industrias intactas y dos tercios del oro del mundo en sus cajas fuertes. De hecho, se había beneficiado enormemente del esfuerzo de guerra, y como resultado fueron capaces de imponer su dominación en todo el mundo capitalista.


-La Massachussets Cambridge Engineering Research Association describía la industria del gas natural soviética, que duplicó su producción en menos de diez años, como una “espectacular historia de éxito” (Financial Times, 1/11/85).


-En la URSS, uno de cada tres trabajadores era cualificado, y una gran proporción de hijos de trabajadores tenían acceso a la universidad. El número total de estudiantes de educación técnica, media y superior se cuadruplicó entre 1940 y 1964. En 1970 había 4,6 millones de estudiantes, con 257.000 ingenieros titulados. En comparación, en los EEUU había 50.000 graduados en este campo (ya ves, todo un “caso” el desarrollo de la URSS, ¿verdad?)


-Los alquileres estaban fijados alrededor del 6% de los ingresos mensuales y aumentaron por última vez en 1928. Un pequeño piso en Moscú, hasta hace poco (estos datos son de un artículo redactado hace más de 15 años), costaba unas 2.000 ptas. al mes, incluyendo gas, electricidad, teléfono y agua caliente. El kilo de pan costaba unas 40 ptas. y, al igual que el azúcar y la mayor parte de los productos alimentarios, aumentó de precio por última vez en 1955.


-Los precios de la carne y los derivados de la leche habían aumentado por última vez en 1962.


-El Financial Times (18/2/86) escribió que: “el desarrollo de la tierra yerma y con un clima espantoso de Siberia en los últimos 15 años es un logro de ingeniería que iguala en escala y dificultad la construcción del Canal de Panamá.”



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Paso a exponer la evolcuión de los índices de producción de Rusia Zarista - Unión Soviética entre 1913 y 1940.


Crecimiento de la producción agrícola (1913=100)

1913 - 100

1921 - 60

1928 - 120

1933 - 100

1940 - 145

Producción de bienes de equipo (1913=100)

1913 - 100

1928 - 200

1933 - 400

1940 - 1600

Producción de bienes de consumo (1913-1940)

1913 - 100

1928 - 150

1933 - 200

1940 - 500

Ritmo de crecimiento de la industria mecánicas y metalurgicas (1913 = 100)

1913 = 100

1930 = 500

1940 = 3500 (1)


Por ptra parte tambíen hay que tener en cuenta la evolución de la población de Rusia/URSS, que sólo en 1940 recupero el nivel de 1913.

Población de Rusia/URSS

1913 - 170, 9 millones

1928 - 150, 5 millones

1932 - 163,0 millones

1940 - 170,6 millones (2)

Por parte si cogemos los datos de NOVE en su Historia Económica de la Unión Soviética, y comparamos la sitaución de 1921 con la 1940 el crecimiento es implemente incoparable:

Carbon Millones de Toneladas

1921 - 9

1940 -165,9

Petroleo Millones de Toneladas

1921 - 3,8

1940 - 31,1

Acero - Millones de Toneladas

1921 - 0,2

1940 - 31,1

Exportaciones Millones de Rublos

1921 - 20

1940 - 240






(1) Datos de VV.AA (1980), Historia del Mundo Comtemporáneo, Madrid Anaya, Manuales de Orientación Universitaria, p. 400.

(2) Citado de FERRO, M, Y GIRAULT, M, R, (1983) De Rusia a la URSS, Paris.

(3) Datos de NOVE para 1921 y de FERRO, M, Y GIRAULT, M, R, PARA 1940.





los índices de Alemania. Por el momento, el estadio de evolución de su economía, . La producción industrial de la URSS se puedo multiplicar hasta por 35 entre 1913 y 1940, mientras que la de Alemania apenas lo hizo por 1,3. .

Por ejemplo:

Indice Alemás de producción manufacturera 1913-1938 (1913 = 100)

1913 - 100.

1920 - 60.

1925 - 95.

1930 - 100.

1932 - 70.

1935 - 100.

1937 - 130.

1938 - 140. (1)


Indice Alemán de producción industrial (1913 = 100)

1913 - 100

1920 - 60

1925 - 90

1927 - 120

1930 - 100

1932 - 70

1935 - 120

1938 - 140 (2)

Renta nacional Per Capita (1925-29 = 100)

1913 -105

1920 - 95

1925 - 90

1930 - 100

1938 - 120 (3)


Participación alemana en el comercio mundial de manufacturas (como %)

1913 - 27,5%

1929 - 21, 9%

1937 - 23, 4 % (4)


Resumiendo, Alemania era más debil en 1939 que en 1913, y comparativamente más debil en 1938-9 que en 1929. La recuperación económica de Reich simplemente no existió, consistio en financiar con deuda pública la reducción del nivel de paro, sin adoptar medidas de transformación estructural de la economía, ni plantearse a medio plazo como subsanar el problema del déficit.

Toda la Festung Eropa de Hitler es incapaz de producir industrialmente lo que el 60% de la industria soviética.





(1) GARCIA ALMIÑANA (Cor) (2004), Historia del Mundo Comtemporáneo, Valencia, Ecir, p. 151.

(2) VV.AA. (1980), Historia del Mundo comteporáneo, Madrid, Anaya Manuales de Oriemtación Universitaria, p. 511.

(3) Ibiden, p. 512.

(4) KENWODD, AG y LOUGHEED, A.L. (1972), Historia del desarrollo económico internmacional- Desde la primera guerra mundial hasta nuestro dias. Madrid. Itsmo, p. 104.







Ganaderia Bovina -millones de cabezas- (entre paréntesis la población de la URSS para la fecha de referencia Total / Urbana):

1913- 31,9 (Población 170,9 / 24,6 millones)
1928- 60 a 70 (Población 150,5 / 27,3 millones)
1932- 40,7 (Población 163,0 / 35,5 millones)
1940- 54,8 (Población 170,6 / 60, 4 millones)

Ganaderia Ovina -millones de cabezas-:

1913- 41,4
1928- 107
1932- 52,0
1940- 54,8

Producción total de cereales –millones de quintales- (extensión superficie cultivada):

1913- 687
1928- 733 ( 113 millones de hectáreas)
1932- 689 (130 millones de hectáreas)
1940- 779 (150 millones de hectáreas)





Una evolcuión comparativa de los índices de producción industrial de los principales estados:

Año (1913) (1920) (1925) (1929) (1930) (1932) (1934) (1936) (1938)

Mundo 100, (93,2)-(120,7)-(153,5)- (137,5)- (108,4)- (136,4)-(178,1)- (182,7)

Estados Unidos 100 (122,2)-(148,0)-(180,8 )-(148,0)-(93,7)-(121,6)-(171,0)-(143,0)

Alemania 100 (59,0)-(94,9)-(117,3)-(101,6)-(70,2)-(101,8 )-(127,5)-(149,3)

Reino Unido 100 (92,6) (86,3)-(100,3)-(81,3)-(82,5)-(100,2)-(119,1)-(117,6)

Francia 100 (70,4)-(114,3)-(142,7)-(139,9)-(105,4)-(111,4)-(116,3)-(114,6)

URSS 100 (12,8 )-(70,2)-(181,4)-(235,5)-(326,1)-(437,0)-(693,3)-(857,3)

Italia 100 (95,2)-(156,8 )-(181,0)-(164,0)-(123,3)-(134,7)-(169,2)-(195,2 )

Japón 100, (176,0)-(221,8 )-(324,0)-(294,9)-(309,1)-(413,5)-(483,9)-(552,0)

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Se ve el periodo zarista comparado con el periodo post revolucionario y comparado con las potencias capitalistas.

España ni se menciona por que seria patetico.

¿ La producción sovietica y crecimiento industrial ESCASO ? Joder, no sabia yo que el oscurantismo franquista ultracatolico seguía tan abstraido de la realidad.

Se ve como de ser la que más atrasada estaba supero a casi todas y ocupo los sitios m´sa altos en producción industrial.

Vamos que es que es indiscutible y bastante estupido a dia de hoy intetnar pretender defender que durante el Zarismo la gente vivia mejor que con la URSS. Vamos es una barbaridad de magnitudes biblicas. Solo un fanatico dogmatico es capaz de defender algo asi ante la evidencia de las cifras.






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RESULTADOS EN LA INDUSTRIALIZACION
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Última edición por SS-18 el Mar Mar 12, 2013 11:37 pm, editado 4 veces


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Mensaje por DP9M Mar Mar 12, 2013 11:20 pm



Si eso es "industrializar con el culo " despues de haber destrozado a la mayor fuerza de guerra occidental , los NAZIS que tenían a su servicio toda la industria de Europa en su poder...... Ah!!! que se me olvidaba , que según Beevor, los Rusos ganaron porque ahogaron con su sangre las trincheras nazis que morian agotadas de disparar y matar rusos.

Si te parece, el que la URSS dispusiese del armamento más moderno de la época durante el desarrollo tecnologico e industrial en los 30, es por que se hizo algo con el culo en la URSS, entonces es que no conocs absolutamente nada de lo que paso en el mundo en esta época-




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Mensaje por granados Vie Mar 15, 2013 9:18 pm

tienes toda la razón SS-18,bueno siempre hay gente- liberales de izqudas ó derchas- que se dedican a pontificar con evidencia nula ó propia de subnormales,un caso como el que ofrece otro liberal desorejado en Catoblepas, un tal Carlos moreno Guerrero, febrero, 2013:

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Mensaje por raro Sáb Mar 30, 2013 9:54 am

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Un trotskista llamado Germánico escribió:-¿Qué es una "opeteta"? Ojito con hacer juegos de words sexistas.

- ¿En qué Plan Quinquenal extinguimos las tildes? Queda feo: lo revocamos.

- El tipo... ¿realmente se limpia el culo, o es una metáfora y no se lo limpia nunca? Me inquieta. Una metáfora, aclaro, es ir más allá de una fora, y una fora no sé muy bien lo que es, pero seguro que tooooooooodos tenéis una opinión al respecto y tardaréis (¿esto lleva tilde?) veinte líneas en dar vuestra opinión al respecto.

-¿"Tenéis" lleva tilde siempre o sólo cuando yo lo escribo? ¿Es imprescindible o peco de pedante? ¿Es esta pregunta diletante o pequeñoburguesa? Is Rose a rose?

- ¿Es Llamazares un ultra de derechas, o son cosas mías?

- ¿Destiñe Rajoy? Is it possible?

- ¿Por qué tengo un chimpancé más antipático que estos muchachos? ¿Por qué mi chimpancé no toma ejemplo? Bastante me cuesta tenerle un internet puesto en casa pa'que sea tan comedido, el hijoputa. Los tipos estos son más graciosos y consumen poquísimo. A ver si me lo cambian. El chimpancé, digo.

- Quéeeeeeeeeeeee bueno es criticar todas estas cosas desde España. Si alguna vez tienes un ser querido (y no me refiero a Chávez) realmente enfermo, seguro que quieres tecnología y ciencia norcoreana para ayudarle (a morirse). Un, dos, tres, escondite inglés.
Jojojo

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Mensaje por raro Sáb Mar 30, 2013 10:20 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:¡ Vamos a ver!, en respuesta a RARO, este hilo lo abrí yo y me ratifico en lo dicho, tu puedes ser "libertario" ó lo que quieras, pero hislibris echa un pestazo anticomunista y falsificador que echa para atrás.

Tú mismo te revelas con tus afirmaciones sobre el "fracaso" y demás ´"verdades recibidas" que repetís como papagayos y como un argumentario que ya está mas visto que el tebeo.
¡A ver si renovais el arsenal anticomunista, aunque no creo que el cerebro os dé para tanto!.

Me reafirmo: hislibris tiene una orientación liberal y anticomunista mórbida, natural mente que hay liberales de izquierdas y liberales de derechas, pero no es más que una manera de dar una falsa imagen de "pluralidad", esa palabreja de moda.

Además , en cuanto el debate en el blog de Hislibris se pone feo para vuestras tesis anticomunistas ó anti-stalin recurrís al ataque personal, a la demonización y luego directamente a la censura por omisión.

Basta leer vuestras reseñas como las de Beevor, timothy snyder y otras que hacéis para ver lo que es autoevidente: falsificación y chismografía anticomunista a raudales, conversión de la historia seria en novela histórica.

Conviene recordar que además HISLIBRIS, a lo que se dedica básicamente es a la promoción de la novela histórica.

Otro dato: uno de los más furibundos anticomunistas de hislibris , un tal Farsalia, licenciado en Historia antigua, mostró un dia un enlace significativo; la página web del Dpto de historia comtemporánea I de la univ.Pompeau fabra.

Cualquiera que entre en esta página se dará cuenta del anticomunismo militante de la misma con sólo escudriñar la bibliografía:
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En cuánto al camarada SS-18,cada cuál escribe como puede y cómo le dejan, nuevamente se trata de ataques personales bastante repulsivos, no de ningún tipo de argumentación lógica ó factual.

Vosotros mismos os retratáis como lo que sois.

Esperamos RARO que coloques ese enlace para ver las majaderías que comentáis pero ya anticipo que no merece debatir con fanáticos anticomunistas.

Ostias granados, es que lo tuyo da mucha lastima jomio. Se te supone joven, así que espero que te de tiempo a lo largo de tu vida de leer mas. Aquí, donde los administradores insultan a los foreros, donde los administradores amenazan con sanciones, aquí donde los administradores cometen mas errores ortograficos que mi hijo pequeño (4 años), os dejo el enlace donde nos cachondeamos de ustedes. Porque no se enfadéis; lo vuestro es para reírse.
Ostias granados, es que lo tuyo da mucha lastima jomio. 2ª vez... Y las que me quedan por apiadarme de ti.
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Mensaje por granados Sáb Mar 30, 2013 2:41 pm

No tengo nada más que decir,salvo que lo que escribis ahi es un conjunto de memeces, parecéis un grupo de amiguetes refocilándose en su propia estúpidez.... dáis verguenza ajena.

Pero como no se trata de responder a provocaciones absurdas, desde el foro comunista os responderemos con el rigor que nos sea posible, a cada una de vuestras reseñas futuras que nos parezcan dignas de ser criticadas.
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Mensaje por granados Miér Oct 02, 2013 8:23 pm

los de hislibris vuelven a hacer un comentario ó supuesta reseña sobre la actuación del ejercito rojo en la IIGm;está claro que al tal rodrigo no le han bombardeado la casa, no le han hambreado ó no han masacrado a su familia,su mujer ó sus hijos.... hablar desde una hipócrita moral occidental es gratis y asqueroso, esto es lo que hace el tal rodrigo, nuevo profeta de la "guerra justa".

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Guerra total, guerra absoluta, guerra de exterminio; al decir de un veterano del Ejército Rojo, “una guerra insensibilizadora… que sacó de cada uno lo mejor y lo peor, al extremo”. ¡La guerra de las Tierras de Sangre! Tal fue la contienda entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, en lo que se ha calificado como escenario decisivo o epicentro de la Segunda Guerra Mundial (en Europa). Como sabemos, una confrontación de vida o muerte entre dos potencias totalitarias que se sobrepujaban en la propaganda del odio y la deshumanización del enemigo sólo podía resultar en escalas espeluznantes de destrucción, cuyas cifras –por expresivas que sean- desafían la capacidad de empatizar con aquellos que se vieron involucrados en la pesadilla. Involucrados como víctimas pero también como actores, para decirlo de una vez. No eran autómatas los que empuñaban las armas, los que remataban heridos, los que saqueaban y violaban, los que arrasaban con ciudades y poblados; de uno y otro lado, las atrocidades y las responsabilidades criminales son inexcusables. Con todo, bien vale la pena aproximarse al punto de vista emocional y a ras de suelo del conflicto: no el de las ideologías en liza ni de las grandes estrategias políticas y militares (monstruosas por donde se las mire), sino el del diario vivir y padecer de los soldados en el curso de la guerra más terrible de la historia. Una aproximación como esta es la que nos ofrece Michael Jones en su libro El trasfondo humano de la guerra.

Libro que por esquema y propósitos sigue la línea de publicaciones anteriores como El sitio de Leningrado (Crítica, 2008) y La retirada (Crítica, 2010), del mismo autor. Jones reconstruye la marcha del Ejército Rojo desde la batalla de Stalingrado hasta la toma de Berlín, en un ejercicio que combina fuentes secundarias con materiales testimoniales del tipo de cartas, diarios y entrevistas con supervivientes. Aunque las fuentes primarias comprenden a soviéticos y alemanes, el énfasis está puesto en los primeros: intención expresa del autor es rendir homenaje a la entrega y el sacrificio desplegados por los combatientes del Ejército Rojo, pilar fundamental en la derrota de la Alemania nazi; un triunfo, empero, mancillado por las atrocidades perpetradas por muchos de esos combatientes. El autor no hurta el cuerpo a esta faceta negativa, de hecho uno de los temas centrales de su libro es el embrutecimiento y la degradación moral sufridos por los soldados soviéticos a medida que la guerra se prolongaba, sometidos como estuvieron a condiciones extremas que incluían no sólo el enfrentamiento con un enemigo despiadado –la maquinaria de guerra más temible de su tiempo, embarcada en una empresa de conquista, genocidio y esclavización-, sino también un mando político y militar habituado a despreciar la vida de sus propios hombres. Esto, por no hablar de la propaganda del odio, cuya virulencia en nada desmerece frente a su equivalente alemán.

Como queda de manifiesto en los testimonios recogidos por Michael Jones, ni el terror estalinista y ni la mentada propaganda explican del todo el denuedo combativo de los soldados soviéticos. Un genuino amor al terruño, a la patria amenazada en su misma subsistencia, era una motivación que no se debe desdeñar. Lo mismo cabe decir de la constatación que las tropas soviéticas hacían de la brutalidad de su enemigo: el descubrimiento de los campos de exterminio –o de sus restos mal disimulados-, o el hallazgo de campos de prisioneros en que los alemanes habían diseminado el tifus a fin de propagar la enfermedad en el Ejército Rojo, entre otras cosas, bastaban para insuflar en el ánimo de los soldados el convencimiento de que la suya era una lucha justificada y sin cuartel. Lo que la historia no justifica, ciertamente, es que el esfuerzo y el heroísmo degenerasen en un afán de venganza tal que las fuerzas soviéticas se convirtieran en un espejo del ofensor. Pero Jones hace hincapié en que la brutalidad no era un fenómeno global, un mal endémico de todo el Ejército Rojo.

Acaso no convenga exagerar el alcance de las manifestaciones de desaprobación del salvajismo soviético por parte de ciertos oficiales y soldados de la misma nacionalidad, pero sí cabe rescatar su capacidad de conservar el pundonor, la conciencia de que su ejército no debía convertirse en el doble del ejército de Hitler: desenfrenado, sanguinario, un azote de la población civil. Afirma el autor que «la situación de Alemania, a principios de 1945, desafía toda generalización, y las historias que nos hablan de un extraordinario autocontrol por parte de los soldados soviéticos coexisten con las de destrucción gratuita». Había una batalla moral al interior de este ejército, una batalla preñada de indicios de fracaso. Como testimonia uno de sus hombres, el soldado Mark Slavin: «Los asesinatos, la orgía de destrucción estaban llevando a nuestro ejército al borde del precipicio. Estábamos perdiendo nuestros valores morales y nuestra propia dignidad como seres humanos». O cierto oficial de nombre David Faufman: «Un ejército de resistencia y defensa propia se estaba convirtiendo, de forma imperceptible, en un ejército de feroces vengadores. Y, de este modo, nuestras grandes victorias se convertían también en una derrota moral». (Visto en retrospectiva, cómo rechina esa idílica caracterización de “Ejército de resistencia y defensa propia”; para entonces, Finlandia, Polonia y las repúblicas bálticas hubiesen podido decir algo al respecto.)

Según lo planeado por Jones, el libro alcanza su clímax en el capítulo relativo a la liberación de Auschwitz. Y hubo tal liberación, pues el Ejército Rojo debió luchar por apoderarse del complejo: fue una lucha brava y feroz, lo suficiente como para sorprender a los curtidos soviéticos (conocedores de la tenacidad de su rival). Lo medular del capítulo reside en el tema de la distorsión del Holocausto por la Unión Soviética, cuya política en esta materia fue ocultar sistemáticamente la identidad judía de las víctimas del genocidio; y en el impacto que tuvo el descubrimiento del complejo en los soldados soviéticos, quienes –puntualiza Jones– «no estaban tan deshumanizados por la guerra como para no poder establecer contacto emocional con lo que encontraron allí». Valga, pues, lo expresado por un veterano entrevistado por el autor, el teniente Iván Martynushkin:

«Yo era un soldado y tenía una unidad a mis órdenes. […] Acababa de cumplir veintiún años cuando llegamos a Auschwitz, pero llevaba ya tres en la guerra. Y ya había visto muchísimo sufrimiento, el sufrimiento de mi propia gente. Había visto ciudades destruidas, pueblos destruidos, mujeres asesinadas, niños mutilados. No había una sola localidad que no hubiera experimentado el horror, la tragedia. [Pausa] Pero el infierno de Auschwitz es imposible de olvidar. Todo aquello me superó sin remedio. Sentí una infinita compasión por aquellas personas. El recuerdo de aquel campo de exterminio me acompañará durante el resto de mis días».
- Michael Jones: El trasfondo humano de la guerra. Con el ejército soviético de Stalingrado a Berlín. Crítica, Barcelona, 2012. 335 pp.



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Mensaje por JuanmaVP Miér Oct 02, 2013 11:10 pm

"La fabrica es suya pero nuestro el poder". La gente normal y corriente suda de estas cosas donde se dan "nombres". ¿Hablamos de las bombas atomicas? Mejor no que estos liberaluchos salen mal parados.
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Mensaje por granados Jue Nov 21, 2013 9:26 pm

Los de hislibris vuelven con otra dos reseñas de "patio de colegio"obsesivo con el malísimo stalin del libro reciente de Kowalsky sobre la "guerra civil española y la URSS" y otra sobre el libro "infumable" protroskista de Leonardo Padura.


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Mensaje por granados Dom Ene 26, 2014 2:03 pm

otra reseña repleta de medias verdades y mentiras sobre el libro de Josef Ckaspski,"En tierra inhumana". Este elemento era un oficial aristócrata polaco que estuvo con el ejercito de Anders en al URSS, ya sabemos lo que hicieron estos señores en la Urss que aparte de no tirar un sólo tiro, no los aguantaban ni siquiera sus "aliados " británicos.Habla de Katyn, sin tener ni puta idea, sencillamente se limita a reproducir la propaganda nazi.



Uno de los efectos inmediatos y más dramáticos del efímero idilio entre la Unión Soviética y el Tercer Reich fue el aplastamiento conjunto de Polonia, que puso a millones de personas a merced de dos voraces regímenes totalitarios. Entre las víctimas se contaron los miles de oficiales y soldados del ejército polaco que cayeron en las fauces del gulag, muy pocos de los cuales sobrevivieron a la experiencia. El NKVD, organismo de seguridad de la URSS, empleó tres campos de concentración principales para retener entre fines de 1939 y abril de 1940 a una muchedumbre de militares polacos: Starobielsk, Kozielsk y Ostaszków. Alrededor de cuatro mil fueron a dar al primero de ellos, situado al sudeste de Ucrania; menos de un centenar salió con vida. Uno de los supervivientes de Starobielsk fue el artista y oficial de reserva Józef Czapski, quien pudo escapar del aciago destino sufrido por miles de reclusos de su nacionalidad, ejecutados en Katyn o devorados por el gulag. Czapski sobrevivió para contarlo y con pleno conocimiento de causa pues no sólo padeció el cruel cautiverio sino que, tras uno de aquellos sórdidos vuelcos de la historia –la Operación Barbarroja, que hizo de soviéticos y polacos unos incómodos aliados-, en 1941 y 1942 estuvo a cargo de las investigaciones sobre el paradero de sus compañeros de armas desaparecidos, apresados poco antes por los soviéticos. Apenas puede concebirse un esfuerzo más vano, el de semejantes investigaciones, pues suponía chocar contra el hermetismo, la mendacidad y el tendido de cortinas de humo: genuinas especialidades del régimen bolchevique.
Tras el previsible fracaso de sus pesquisas, Czapski fue designado jefe del Departamento de Propaganda del nuevo ejército polaco, organizado con el reticente beneplácito de Stalin en territorio soviético, unos meses después del ataque alemán a la URSS. El puesto lo hizo responsable, entre otros cometidos, de la edición de boletines, de actividades formativas y recreativas y de las relaciones públicas con los soviéticos. Casi completamente desarmado, mal vestido y peor alimentado, compuesto mayoritariamente por hombres de salud quebrantada por toda clase de penurias, este remedo de ejército abandonó la URSS traspasando sus fronteras meridionales y desde Irán se dirigió a Italia, en donde pudo combatir contra las fuerzas alemanas en Montecassino y otros lugares. Czapski vertió el recuerdo de sus experiencias en la Unión Soviética en dos textos publicados clandestinamente en Polonia y que luego fueron reunidos en un único volumen, al que su autor añadió un tercer texto, relativo a la polémica sobre la atribución de las matanzas de Katyn. El conjunto, publicado con el título de En tierra inhumana (originalmente el título del segundo texto, con ventaja el de mayor extensión), es sin duda un invaluable testimonio sobre las iniquidades del estalinismo.

Józef Czapski (1896-1993) nació en el seno de una familia aristocrática, vivió su infancia en Bielorrusia y cursó estudios de derecho en San Petersburgo, tras lo cual se decantó por su verdadera vocación: la pintura. Fue alumno de Bellas Artes en Varsovia, Cracovia y París, trabando contacto en la capital francesa con lo más granado de las artes de vanguardia. Espíritu inquieto y ávido de saber, admiraba ante todo a Cézanne, amaba la literatura y era capaz de dictar conferencias sobre Proust, en el campo de Griazovetz (su segunda estación en el gulag), o sobre la teoría de la relatividad, cuando se ocupaba de actividades educativas en el nuevo ejército polaco. Profesaba convicciones democráticas y en sus días en la Academia de Bellas Artes de Cracovia (a comienzos de los años veinte) se opuso activamente a la oleada de nacionalismo y antisemitismo que en 1922 culminó en el asesinato de Gabriel Narutowicz, segundo presidente de una Polonia recientemente independizada. La carrera artística de Czapski se vio interrumpida en 1939 cuando fue movilizado por segunda vez en su vida (la primera fue en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial); detentando el grado de capitán, cayó prisionero del Ejército Rojo el 27 de octubre de aquel año. Tras una etapa de cautiverio, de penurias y de modestas satisfacciones en lo que debía ser el germen del ejército de una Polonia liberada, volvió a radicarse en Francia, país en que reanudó su quehacer pictórico, materializando además su amor por las letras en la fundación de un Instituto de Literatura en Maisons-Laffitte, en las proximidades de París.

En las memorias de Czapski queda constancia de un itinerario sombrío, que muy especialmente en su primera etapa asemeja las estaciones de un calvario. Apenas hace falta decirlo: las condiciones de vida en los campos de concentración eran espantosas; lo mismo ocurría en las mortíferas marchas a que se sometía a los reclusos cuando se los trasladaba de un campo a otro. Como reflejan el testimonio de nuestro autor y el de sus compatriotas cuya voz recoge el libro, tales marchas recuerdan –salvo en la escala- a las del genocidio armenio, en los años de la Primera Guerra Mundial, y parecen un anticipo de las llamadas “Marchas de la muerte” de 1945, cuando los alemanes evacuaron a los maltrechos supervivientes de sus campos de concentración y los forzaron a recorrer grandes distancias a pie y en las peores circunstancias imaginables, resultando en altos porcentajes de mortandad. Tras la liberación, la narración se enfoca primero en la etapa de la búsqueda de los desaparecidos –Czapski estrellándose contra la burocracia moscovita- y luego en la etapa del nuevo ejército polaco, que es al mismo tiempo una historia de esperanza y de desventuras… y de arduos desplazamientos por la inmensidad del territorio soviético. En el desempeño de sus actividades oficiales y en sus diversos recorridos, a bordo de trenes y en sus obligadas estancias en hospitales, Czapski tuvo ocasión de contactar con gentes de todos los niveles y de diversas etnias, desde altos funcionarios hasta sencillos obreros. Tuvo, pues, la oportunidad de sufrir una «iniciación en la inmensidad de la miseria humana», interiorizándose de los pormenores de un régimen que hacía gala de un sistemático desprecio de la vida humana y que imponía a sus súbditos una atmósfera opresiva. Dramático es el contraste entre la Rusia de la alborada revolucionaria y la Rusia de Stalin, un cuarto de siglo después. Czapski estuvo en el Petrogrado de 1918 y disfrutó de los aires de libertad aún imperantes; era un tiempo en que un simple estudiante como él podía discutir llanamente con las autoridades. Consolidada la dictadura estaliniana, esto resultaba impensable. La maquinaria del terror y la infranqueable distancia entre gobernantes y gobernados lo sofocaban todo. Los mismos soviéticos se maravillaban de la libertad y el desparpajo con que los refugiados polacos ventilaban entre sí sus diferencias. Ni hablar de la realidad social. Al respecto, el testimonio de Czapski es lapidario: «La diferencia de nivel de vida entre un oficial especialista y un simple soldado, entre un alto funcionario y un campesino hambriento de un kolkhoz –koljoz, granja colectiva- de los alrededores de Chkalov, no era substancialmente más pequeña de la que separa a un banquero de un obrero en los “podridos” países capitalistas…»

Al valor testimonial del libro se añaden sus cualidades literarias. La escritura de Czapski es pulcra, precisa, rotunda cuando corresponde, carente de remilgos y siempre fluida. El sostenido pulso narrativo redobla el interés de la lectura, cautivante por su mismo contenido. A despecho de su tema central, no es un libro que rebose acrimonia o que se regodee en la sevicia. Algunas pausas a modo de párrafos descriptivos revelan de cuerpo entero al pintor, a un Czapski que ni siquiera a un país derrengado por la perversidad ideológica y por la guerra –una tierra inhumana- podía dejar de ver con ojos de artista, sensible a las formas, el color y los efectos lumínicos. Así, por ejemplo, en pleno cautiverio: «Era a finales de noviembre y, al rayar el alba, de pronto explotó más allá de los muros rojos de nuestro edificio un cielo lleno de bengalas y de nubes rosadas y rutilantes cual descargas eléctricas entretejidas de estelas de un color añil chillón. Sobre este fondo, la empalizada recién construida con recios leños puntiagudos lució con un resplandor rojizo y dorado, la garita de madera, que no estaba iluminada por los rayos de sol, se tiñó de zafiro y, detrás de la valla, se perfilaron en la lejanía unos árboles gigantescos de troncos azules más claros que el cielo y cubiertos de guirnaldas de chovas y cornejas negras». O bien, en la frontera asiática, durante una de sus varias convalecencias: «Me pregunto qué otro efecto benéfico, además de ofrecerme la amistad humanad, ejerció sobre mí Ak-Altyn –un pueblo en Turquestán-: me permitió mirar por la ventana durante horas y ver en su marco pintado de blanco un cielo siempre azul, límpido, despejado, sin una sola nubecilla, muy claro por la mañana y cada vez más oscuro a medida que avanzaba el día, pero de nuevo resplandeciente, aunque teñido de verde, al atardecer. Pensaba en cómo extraer aquel sonido azul, aquel grito del marco blanco sobre el fondo del cielo azul, y recordaba haber visto muy pocos cuadros que evocaran un cielo idealmente limpio con objetos destacándose en él, y eso que había visto miles y miles de obras de arte». (Cursivas en el original.)

Un libro que, si se quiere, se lee con triple satisfacción, pues su autor iba a contrapelo de las peores seducciones ideológicas del día, lacras que desgraciadamente no tienen visos de extinguirse. Ya está dicho que abominaba Czapski del nacionalismo y el antisemitismo, tan extendidos entre sus connacionales. Lo que se aprecia en las memorias es un espíritu ecuánime que no duda en denunciar la estupidez de algunos de sus compatriotas, como aquel que en medio de una conferencia cita los Protocolos de los sabios de Sión como si fueran un texto sagrado; o el caso de un antiguo terrateniente y oficial de caballería que desprecia a un embajador polaco por no ser sino un científico y un académico, a buen seguro incapaz de cabalgar correctamente; para mayor abundamiento, un reaccionario, este oficial: el sujeto amenazaba con romperle la cara a cualquiera que le fuese con la cuestión de la reforma agraria. Por otra parte, Czapski detesta como es natural al régimen bolchevique y sus agentes; recela de una Rusia –el estado ruso, para decirlo con precisión- que históricamente ha sido el ogro de sus vecinos –si lo sabrán los polacos-; mas no odia a los rusos, ni a los ucranianos, ni a los demás habitantes del imperio soviético. Desea fervientemente un cambio de régimen, para bien de los propios rusos. Adora por otra parte la gran literatura rusa, refiriéndose en diversas ocasiones y siempre en términos elogiosos a poetas como Pushkin, Blok, Belyi, Pásternak y Anna Ajmátova (a quien pudo conocer personalmente); y a narradores como Dostoievski, Tolstói, Lérmontov, Chéjov y Gorki, entre otros (al primero lo menciona y lo cita repetidas veces).

Tratándose de literatura, surgen inevitablemente en el libro los nombres de Adam Mickiewicz, el poeta nacional de Polonia, y Henryk Sienkiewicz, cuya Trilogía novelística es el gran referente literario del patriotismo polaco. Czapski cuenta que en el campo de Griazoviets se colaron algunos ejemplares de la Trilogía, muy apetecidos por unos reclusos que se solazaban leyendo las inspiradoras hazañas de Kretuski, Volodiovski y demás héroes de Sienkiewicz.

En tierra inhumana es un libro impresionante por muchas razones y como documento testimonial resulta imperecedero. Puestos a escoger algún incidente significativo, fácilmente puede optarse por uno cercano al desenlace. Integrando un grupo de polacos que está a punto de cruzar la frontera con Irán y en que también se halla nuestro autor, un chiquillo de corta edad y precaria salud descubre el omnipresente retrato de Stalin, colgado en la oficina de la aduana, e inmediatamente le dirige su puñito cerrado; para el niño, el tirano sólo representaba hambre, miseria y sufrimiento. Esta expresión de rabia impotente, doblemente impactante por provenir de un niño, fue la impresión postrera de Czapski antes de abandonar el ominoso país.

- Józef Czapski, En tierra inhumana. Acantilado, Barcelona, 2008. 489 pp.

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Mensaje por granados Dom Ene 26, 2014 2:34 pm

Publiqué en Hislibris esta respuesta a la reseña del tal rodrigo sobre el libro de Czapski, supongo que será eliminada inmediatamente ya que a esta gente le encanta la censura anticomunista y echarse flores entre ellos mismos.





Por desgracia, la reseña de ródrigo está repleta de tópicos,medias verdades y falsedades:

1.Czapski no sabía nada del asunto de Katyn ni investigó nada sobre la materia , se limitó a reproducir las informaciones y propaganda nazi de 1943.

2.El ejercito de anders se limitó unicamente a crear problemas en la URSS con su sentimiento de “superioridad” moral, fueron incapaces tirar un sólo tiro en el frente ruso.

3.Ni siquiera sus aliados ingleses aguantaban este comportamiento irresponsable de los polacos.

4.El ejército de anders como el “armia krajova” era totalmente antisemita, pese a que Czapski intente justificarse como han señalado los historiadores del centro del holocausto en Israel.:

In Poland, the Home Army (A.K.- Armia Krajowa), the general Polish Partisan Movement, was not open to Jews. Moreover, thousands of Jews were murdered by the rightist factions of the official Polish underground. In eastern Poland, in Byelorussia, and sometimes in other areas as well, groups of Polish rightist guerillas took an active role in the killing of many Jewish families and partisans in the forest. Among their victims was also a group of Jewish fighters who had succeeded in breaking out of the Warsaw Ghetto at the time of the uprising, had reached the forests, and launched guerilla warfare against the Nazis.
- introduction to Isaac Kowalski, comp. and ed., Anthology on Armed Jewish Resistance, 1939-1945 (Brooklyn, New York: Jewish Combatants Publishers House, 1984-1991), vol. 1 (1984), 27

4.El libro de czapski, entreverado de historias tan manipuladoras como la del niño en medio de la terrible tormenta de fuego y miseria que el occidente nazificado estaba echando sobre la Urss, revela eso; el profundo odio patólogico del autor hacia todo lo soviético y su rusofóbia.

5-Conclusión: no hay que confundir odio y su experiencia subjetiva, con verdad ó veracidad histórica.Desgraciadamente es el caso de czapski.

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Mensaje por DP9M Lun Ene 27, 2014 2:41 am

bRAVO!

Es un placer leerle estimado granados


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Mensaje por granados Lun Ene 27, 2014 9:26 pm

¡ camarada SS-18!, al poco tiempo de publicarlo me lo borraron se ve que no les sentó muy bien, seguro que camaradas como NSV Liit u otros saben más sobre el tema.

Este czaskpi junto con el checo arthur london junto con otros espías, contrarevolucionarios y fauna diversa son los ídolos de los liberales "antistalinistas", por supuesto junto a Orwell, no hay diario burgués que no los cite a menudo.

Naturalmente de sus "memorias " y "testimonios " a posteriori no me fió ni un pelo.
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Mensaje por granados Mar Ene 28, 2014 8:24 pm

Yuri yemelianov, describe muy bien el comportamiento problemático de una parte del ejercito polaco en la URSS , exigiendo cosas sin tener en cuenta la situación militar global del frente del este:


On December 25, 1941 the USSR State Committee of Defence (GKO) headed by Stalin issued a decree ‘About the Polish Army at the USSR territory’. It mentioned that the Army already numbered 96 thousand. Its commander-in-chief was General V. Anders who two years ago had fought against the Red Army.

Yet problems began to develop in the relations between the commanding body of the Polish army and the Soviet authorities. The Polish military were dissatisfied with the way they were supplied. Their complaints were not groundless, but the Polish military commanders did not take into account that the supply of the whole Red Army at that time was put to a hard test. The discontent bred reluctance to participate in fighting. These problems were discussed by Stalin and Anders during their talks on March 18, 1942. According to Anders Stalin said: ‘We do not urge Poles to go to the front immediately. The Poles may start fighting at the time when the Red Army will approach the Polish frontiers’.

However Anders insisted on transportation of his army out of the USSR. He wanted to send it to the Western allies. His request was granted. In March and August 1942 two groups left the USSR. Their total number consisted of 80 thousand Polish soldiers and officers. They were accompanied by 37 thousand members of their families. They were transported to the British zone of occupation in Iran. Later they guarded the oil deposits belonging to the British in Iraq. Then they took part in the operations of the British armies in Northern Africa and Italy.

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Mensaje por granados Mar Ene 28, 2014 8:51 pm

Iuri muchkin describe muy bien la cobardía de los oficiales polacos frente a los nazis en 1939, de gente como josef cakspi y su victimismo :

On September 1 1939, Germany launched its invasion of Poland. The Polish government and military elite collapsed within days. 5 days after the start of hostilities, the Polish government ran from Warsaw to Lublin. They moved to three other cities until by September 16, abandoned the Polish people and ran into Romania. In September 30, 1939 they established a government in exile in France, under the leadership of General Sikorski. The Polish officers acted no differently. Most ran away with their government in exile, abandoning their soldiers and their country. Those that stayed offered token resistance, not because they could not, but because they would not. To them, it was more important to save their skin than their people.
To demonstrate the actions of the Polish officer elite, it is necessary to look at their casualty lists. In the USSR, in the years of 1944-1945, the ratio of soldier and officer casualties was 1:10.3. In previous years of the war, the ratio was often 1:2. In the French Army defending against the German invasion, the ratio was 1:2.3. By contrast, in the Polish Army defending against the German invasion in September, the ratio of soldiers and officer casualties was 1:32.2. These officers ran away from the fight, letting their soldiers be slaughtered and their nation conquered. This was the true nature of the elitist landlords, gentry and militarists ruling Poland at the time.




Aquí describe el comportamiento del ejército de Anders en la URSS:


Anders, being of the Polish military elite and as arrogant as usual, had a deep hatred for the USSR. The USSR was sacrificing much by arming these Polish soldiers. At a time when weapons had to be taken out of museums to arm the defenders of Moscow, the Anders Army was being armed with the best weapons. In an act of treachery, which was second nature for the elite Polish officers, Anders led his army of 114,000 into Iran. He abandoned the Red Army and abandoned the fight for his homeland to ran away to Iran to join the British. This was indeed a great blow to Polish-Soviet relations. Never again would Stalin trust the Polish government in exile, and proved once more their treacherous and cowardly nature. Nevertheless, hundreds of thousands of Polish soldiers and officers still remained in the USSR.
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Mensaje por granados Sáb Feb 01, 2014 2:38 pm

artículo de wikipedia en inglés - el que hay en español es irrisorio- sobre el "pintor" Josef Czapski, naturalmente omite que este señorito era mienbro muy fundamental del "congreso por la libertad de la cultura" que como todo el mundo sabe estaba financiado generosamente por la Cia.

Asi se explica que tanto él como Hanna arendt-"origenes del totalitarismo"(1951), escribiesen sus alegatos anticomunistas en sus esplendidos retiros,Czaspki en Paris y Hanna arendt en una espléndida villa en suiza ó Italia dónde contaba incluso con servicio doméstico , todo a cargo de la Cia.
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STALIN - Hislibris,nido liberal de falsificación anti-stalin - Página 2 Empty Re: Hislibris,nido liberal de falsificación anti-stalin

Mensaje por granados Jue Mar 13, 2014 9:08 pm

Una nueva "reseña" sobre la novela de solhsenitzin ,"el primer circulo" por uno de los más furifundos anticomunistas de hislibris.

Cómo es habitual en esta gente , siguen confundiendo ficción literaria con evidencia histórica documentable.






EL PRIMER CÍRCULO – Alexander Solzhenitsyn
Publicado por Rodrigo | Visto 376 veces

Sordo e inmune a los cantos de sirena del estalinismo, a diferencia de muchos de sus colegas de la intelectualidad francesa, Raymond Aron ironizó en 1950 sobre el hecho de que la izquierda europea idolatrase a un “constructor de pirámides”; en efecto, pocos de esa izquierda reconocían en el líder supremo de la Unión Soviética al déspota oriental cuyos métodos y fechorías merecían tanta repulsa como los de Hitler. Lo cierto es que, para entonces, los métodos de Stalin y su régimen se habían diversificado. A su haber tenían no sólo unas iniciativas tan despiadadas –faraónicas en el peor sentido del término- como la construcción del canal del Mar Blanco y la colectivización del agro, con su larguísima cuenta en vidas humanas, sino también la fundación de prisiones especiales en las que caían científicos, ingenieros, técnicos y obreros cualificados, extraídos todos ellos de la vasta red de campos de concentración a fin de ponerlos a trabajar en proyectos similares a los que, en Occidente, se desarrollaban en laboratorios y centros de investigación científico-tecnológica. La jerga carcelaria rusa reservaba a estas prisiones el mote de sharashkas, y los zeks (reclusos) que iban a parar a ellas se consideraban afortunados, pues las condiciones de subsistencia en una sharashka eran incomparablemente más llevaderas que las de los campos corrientes. Con todo, no dejaban de ser prisiones, y en un sistema como el soviético representaban una forma refinada pero no menos deleznable de arbitrariedad y explotación. Eran, las sharashkas, el Primer Círculo del dantesco infierno concentracionario, y la novela homónima de Solzhenitsyn es su dramático lienzo literario.
Alexander Solzhenitsyn, formado como físico y matemático y devenido oficial de artillería durante la Segunda Guerra Mundial, fue del número ingente de los zeks. Servía en territorio prusiano como combatiente condecorado cuando cayó en desgracia a raíz de una apenas velada crítica a Stalin, detectada por la censura en su correspondencia privada. Tras ocho años de calvario en el Gulag, una de cuyas estaciones fue precisamente una sharashka, la desestalinización puso fin a su destierro en Asia Central en 1956, culminando unos años después la primera redacción de su novela sobre la vida en una prisión especial. Titulada El primer círculo, la obra conoció el destino de tantos y tantos de sus equivalentes en la URSS: censura, mutilación, requisamiento, reescritura. Después de que el KGB vedara definitivamente su publicación, en 1967 se difundió en su quinta versión por la vía del samizdat (edición y distribución clandestina). Al año siguiente la sexta versión fue publicada en ruso en los EE.UU., a partir de una copia microfilmada y llevada a Occidente unos años antes; esta edición, que consta de 87 capítulos, fue prontamente traducida a una multitud de idiomas. La redacción definitiva (séptima versión, de 96 capítulos) la acabó Solzhenitsyn en 1968, y en castellano fue publicada por primera vez por Tusquets, en 1992 (edición de 749 páginas).

Como se puede suponer, la novela debe su título al imaginario dantesco y sus círculos infernales. Sobre la naturaleza de la prisión que sirve de escenario central en El primer círculo, el diálogo sostenido por dos de sus personajes es decidor:

«- La sharashka, si quiere usted, la inventó Dante. Se devanaba los sesos pensando dónde colocar a los antiguos sabios. Su deber de cristiano le ordenaba arrojar a esos paganos al infierno. Pero la conciencia de un renacentista no podía aceptar que tan ilustres varones se mezclaran con los demás pecadores y fueran sometidos a castigos corporales. Y Dante ideó para ellos un lugar especial en el infierno. […]

- Eh, eh, Lev Grigórich, yo le explicaré de un modo muchísimo más accesible a Herr Profesor lo que es la sharashka. Hay que leer los editoriales del Pravda: “Está demostrado que la alta producción de lana depende de cómo se alimente y se cuide la oveja”.»

El primer círculo es novela coral y narración testimonial. Su ambientación la provee la prisión-laboratorio de Marfino, en los arrabales de Moscú, a fines de 1949. Se trata de una sharashka abocada a la investigación de materias relativas a la acústica y la radiotelefonía, y como centro penitenciario que es, reviste la forma de un microcosmos que congrega a 250 reclusos y algunas decenas de personal carcelario y técnico-científico libre. La novela condensa la vida en Marfino durante los cuatro días que transcurren a partir del 24 de diciembre del referido año. Su trama se despliega en torno a un nudo argumental: en la víspera de Nochebuena, un joven y promisorio funcionario del servicio diplomático soviético, en quien ha germinado la semilla de la duda y la inconformidad, se comunica por teléfono con la embajada estadounidense con el objeto de prevenirla de un acto de espionaje relacionado con la bomba atómica. (En la primera versión conocida en Occidente, el asunto en cuestión era un secreto de la industria farmacéutica.) El aparato soviético de seguridad ha captado el llamado y sus engranajes se ponen en marcha. Sobre Marfino recae la tarea de estudiar la grabación telefónica e identificar al traidor.

En tanto que obra coral, la novela disfruta de una virtud característica de la gran literatura rusa: la capacidad de movilizar mundos enteros, esto es, de poner en escena una abigarrada galería de personajes en los que se expresa un amplio espectro de circunstancias, valores, ilusiones y sentimientos. Todo un universo moral y sicológico halla fidedigna plasmación narrativa en El primer círculo, con las debidas particularidades del contexto –como está dicho, una prisión en los infames tiempos del estalinismo. Nunca está de más recordarlo: en el régimen estaliniano, epítome de arbitrariedad institucionalizada, discrepar de la línea gubernamental constituía la mayor de las imprudencias, una verdadera locura considerando los peligros que conllevaba el disenso. De modo congruente, los reclusos de la novela vienen a representar un muestrario de actos imprudentes y una muchedumbre de locos admirables, tanto más cuando se los contrasta con la caterva de parásitos cobijados por la maquinaria del estado policial.

Claro está, no conviene simplificar; no es el universo de los zeks de Marfino –profesionales y técnicos en su mayoría- un compendio de virtudes ni un remanso de paz. Como en todo conglomerado humano, y con mayor ocasión tratándose de un presidio, chocan inevitablemente los temperamentos e intereses y afloran rivalidades y rencillas. La principal fuente de discordia son los chivatos: uno de cada cinco presidiarios ha sido reclutado por la autoridad penitenciaria para la vil función del espionaje interno, de modo que ni siquiera entre sus pares, víctimas por igual de la iniquidad, pueden ellos sentirse a sus anchas. Instilado el veneno de la sospecha y la desconfianza recíprocas, el aspecto pacífico de la sharashka oculta una guerra subterránea; el escarnio del sistema o un desaire al chivato pueden acarrear el retorno a la muerte lenta de los campos de concentración. Por demás, la prisión reproduce a escala la atmósfera paranoica y moralmente retorcida del régimen, en lo que resulta un fiel reflejo de la personalidad del tirano. Ningún acto es inocente, nada se debe al azar. Si un instrumento cualquiera sufre un leve desperfecto, no hay accidente que valga como explicación: por fuerza ha debido intervenir la mano negra del sabotaje, y no descansará el chequista de turno hasta encontrar al verdadero y necesario culpable –entre tanto enemigo del pueblo, siempre se hallará una cabeza de turco. Y qué decir de las investigaciones llevadas a cabo en el lugar. Es época en que el discurso oficial atribuye cuanto avance tecnológico y científico exista en el mundo al genio soviético, estigmatizando el reconocimiento de las innovaciones occidentales como “servilismo al extranjero”. Se produce entonces el caso grotesco de que las publicaciones científicas extranjeras utilizadas en Marfino, que en Occidente son de libre disposición, aquí son celosamente guardadas como secreto de estado; la convención dicta que en la ciencia soviética sólo se emplean modelos patrios.

No es un mundo en blanco y negro el de Marfino, ni siquiera en lo que concierne a los carceleros. No todos entre ellos son igualmente malvados o despreciables; los hay de natural bondadoso, tal que parecen caídos por triste albur en el oficio. Y es un mundo que interactúa, narrativamente hablando, con el exterior, representado por familiares de los presos, de los carceleros y del personal adjunto. La narración comprende episodios que se desarrollan en escenarios alternos, en Moscú y sus alrededores, enriqueciendo una paleta abundante en colores y matices humanos, y sin sacrificio de la ilación. Hábilmente engarzada en la corriente narrativa, aflora por un instante la personalidad de Stalin, fiera envejecida pero todavía capaz de dispensar dentelladas. Solzhenitsyn pinta un retrato irónico del tirano, mucho más eficaz que si fuera una diatriba encendida.

Entre los numerosos personajes destacan los protagonistas indiscutibles de la novela, Gleb Nerzhin y Lev Rubin. Es de suponer que en el primero de ellos ha vertido Solzhenitzyn algunos de sus rasgos personales; el segundo es un retrato velado de Lev Kópelev, filólogo y disidente tardío a quien Solzhenitsyn conociera en la propia prisión de Marfino. Nerzhin es un matemático intelectualmente díscolo y políticamente insumiso, renuente a claudicar del derecho a la autonomía personal. En un tono que se nos antoja muy ruso, gusta de sumirse en charlas inspiradas o en apasionadas discusiones –sobre lo humano y lo divino- con sus compañeros de reclusión; su idealismo es garantía de un mal pasar en un entorno como el que lo rodea. Por su parte, Rubin, de barba de pirata, es el mejor amigo de Nerzhin en la sharashka. Filólogo y comunista convencido a pesar de que el régimen lo ha privado injustamente de su libertad; su obcecación ideológica, empero, no le impide aborrecer a los carceleros. Es un polemista vehemente y altanero que jamás acepta los puntos de vista de sus interlocutores, a pesar de lo cual resulta bastante simpático. La caracterización de Rubin/Kópelev por el escritor es impagable: «Rubin no podía existir sin amigos, se ahogaba cuando le faltaban. La soledad era para él insoportable hasta el punto que ni siquiera permitía que sus ideas madurasen únicamente en su cabeza, de modo que apenas encontraba media idea corría a compartirla. Toda su vida había sido rico en amigos, pero en la cárcel se daba el caso de que sus amigos no eran sus correligionarios, y sus correligionarios no eran sus amigos».

Junto a ellos destacan personajes como los que siguen: Dmitri Sologdin, un apuesto ingeniero de origen aristocrático, talentoso y un tanto extravagante; aún es joven pero ya cumple doce años de reclusión. Es adalid de lo que llama el Lenguaje de la Claridad Máxima: su brillante conversación está salpicada de términos que juzga vernáculos, en reemplazo de lo que considera palabras de origen extranjero (“palabras ornitológicas”, las denomina: se niega por ejemplo a decir “capitalismo” cuando lo correcto viene a ser “gran monetarismo”). El entusiasta Valentin Prianchikov, ingeniero de viva inteligencia pero de aspecto algo infantil, falto además de apostura, por lo que sus pares no lo toman demasiado en serio. Spiridon Yegorov, un rudo campesino que en la cincuentena está casi ciego y es reo del delito de haber sido prisionero de los alemanes; portero y aseador de la sharashka, ha trabado una impensada amistad con el culto Nerzhin –quien inicialmente se dirigiera a él en una típica muestra del “acudir al pueblo”, esa tradición tan rusa-. El joven Rostislav “Ruska” Doronin, que se ha enamorado de una empleada, Clara Makaryguina, chica recién salida de un instituto técnico e hija de un importante fiscal. Ruska es un temperamento inquieto y aventurero, refractario al disciplinamiento y la legalidad: a los veinte años era buscado por todos los organismos de seguridad, y a los 23 es un zek y un técnico en Marfino; leal con sus compañeros, tiene la desgracia de que los jefes se han fijado en él como candidato a chivato. Innokenti Volodin, el del llamado telefónico, el diplomático cuyo arrebato desata la voracidad de los hombres lobo… No es un universo exclusivamente masculino. Cabe resaltar, por ejemplo, a la mencionada Clara, joven nacida en cuna de plata; asustada al principio por tener que trabajar rodeada de zeks, muy pronto pudo advertir que estaban lejos de ser los feroces “enemigos del pueblo” y “perros del imperialismo” descritos por sus superiores. Serafima Vitalievna, Símochka, menuda y nada agraciada mujer, también colaboradora externa del instituto-prisión (y oficial del MGB, Ministerio de Seguridad del Estado, como todos los trabajadores libres de Marfino); está perdidamente enamorada de Gleb Nerzhin. Nadia, la mujer de Gleb, que sufre y languidece como tantas esposas en el país del Gulag.

Más allá del valor testimonial y denunciatorio de la novela, su valor literario la hace por sí misma recomendable. Está construida al modo clásico, el del eterno realismo –Solzhenitsyn es de hecho deudor del gran modelo tolstoiano-, con tan sólo algunos despuntes de modernidad: unas pocas regresiones temporales y algunos diálogos de voces polifónicas, como en representación del barullo propio de una multitud. La prosa es austera y vigorosa, animada por vívidas descripciones y cuajada de diálogos intensos. La alternancia de escenarios y el paralelismo de las situaciones se suman al sobresaliente modelado de los personajes, haciendo de la lectura de El primer círculo una experiencia sobrecogedora y emocionante. Posiblemente sea en los personajes donde resida el mayor mérito artístico de la novela. Es tan verista y tan consistente su dibujo que parece que los conociéramos de toda la vida. Nos conmueve en particular la entereza de los reclusos y empatizamos con su infortunio; cómo no, tratándose de vidas quebradas por un régimen de pesadilla, verdadera afrenta de la humanidad.

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Mensaje por granados Jue Jul 03, 2014 9:28 pm

Por una vez, los de Hislibris hacen una reseña favorable de la URSS, en un trabajo sobre la guerra con Japón en la IIGM; reconocen el enorme potencial del ejército soviético aunque sin hacer una sola referencia al mariscal Stalin y su papel en la organización de este ejército.




LA GUERRA OCULTA. EL CONFLICTO SOVIÉTICO-JAPONÉS (1935-1945) – Antonio García Palacios

Publicado por Urogallo | Visto 764 veces

PortadaKhalkhin_zps4798121eTodas las historias de la SGM mencionan, sin mayores explicaciones, la batalla de Khalkin Ghol como un aplastante éxito soviético sobre Japón. Una victoria completa que demostró la efectividad de las nuevas tácticas acorazadas. Pero poco más, aparte de la presencia de Zhukov al mando, se desliza en las obras generalistas. La batalla de Khalkin Ghol: “La primera operación acorazada a gran escala”, “El primer éxito completo de las nuevas doctrinas sobre las fuerzas mecanizadas”, “La primera demostración del genio táctico de Zhukov” son lugares comunes. Y no tenemos más datos. Solo volveremos a encontrar expresiones del tipo “Escarmentados por su fracaso en Khalkin Ghol”, “Confiados por su victoria en Khalkin Ghol”, en relación a la operación Barbarroja y su planificación, como explicación de los motivos de los japoneses para no atacar a los soviéticos o de la facilidad con que la armada nipona logró convencer a los líderes políticos de atacar el Sur de Asia.

Años después, las operaciones militares de la S.G.M concluyen con la ofensiva soviética contra Japón. Un movimiento que asienta la influencia comunista en Asia, permitiendo la creación de dos regímenes que aún sobreviven: China Popular y Corea del Norte. A pesar de sus grandes implicaciones, siempre se despacha como un paseo militar, un derrumbamiento del ejército japonés sin especiales complicaciones. Sin embargo, a pesar de carecer de armamento moderno, de suministros adecuados y de enfrentarse a la fuerza terrestre más poderosa y mejor equipada que existía por entonces sobre el globo, los japoneses no renunciaron a luchar con tesón y entrega.

Por eso este libro resulta fundamental para los aficionados a la segunda guerra mundial: Porque viene a cerrar la brecha de esas dos grandes campañas, que no solo son interesantes por sí mismas, también porque explican mucho del conflicto mundial.

En Khalkin Ghol, por ejemplo, ya aparecen muchas cuestiones que luego tendrán una importancia enorme en la S.G.M

La superioridad tecnológica e industrial soviética, manifestada en su capacidad para producir materiales bélicos de primera calidad en gran cantidad. Pero también capacidad de emplearlos con enorme competencia táctica. Por oposición, ya se constata el atraso de la industria japonesa y su incapacidad para producir equipos que estén a la altura de su contrincante, lo mismo en diseño, operatividad o número.
La capacidad de los planificadores soviéticos para diseñar planes militares de gran competencia y brillantez. Esta pericia operacional está apoyada por una capacidad logística sobresaliente, que se complementa con la frugalidad y capacidad de sufrimiento de sus tropas. Frente a eso, los japoneses trazan planes poco realistas y mal adaptados a las circunstancias. Posteriormente son incapaces de coordinar debidamente sus movimientos.
La disposición de ambos ejércitos para aceptar grandes bajas en sangrientas operaciones de asalto.
La deficiencia, por no decir inoperancia, de los servicios de inteligencia y análisis japoneses.

De la campaña de 1945 en Asia extraemos la imagen de un ejército soviético capaz de redesplegarse rápidamente en un frente en el otro extremo de Eurasia, con todo su potentísimo acompañamiento de su pesado y avanzado equipo. Un ejército operativo, bien dirigido, inmejorablemente equipado y con gran experiencia bélica. La campaña de Asia habría podido ser el inicio de operaciones agresivas en otros puntos, de no haber contado EEUU con el poder atómico. El mismo poder que hace inútil para los aliados esta ofensiva que tan cara han comprado y que tanto rendimiento proporcionará a los Soviéticos.



Esta entrada fue enviada el Jueves, 26 dUTC junio dUTC 2014 a las 9:54 am y está archivada bajo Historias especializadas, Varios. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través de la fuente RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propia página.
14 Respuestas a “LA GUERRA OCULTA. EL CONFLICTO SOVIÉTICO-JAPONÉS (1935-1945) – Antonio García Palacios”

Rodrigo Dice:
26 dUTC junio dUTC 2014 a las 23:08 pm

Pues sí que tiene relevancia, Uro. Según lo que apuntas, un libro que viene a subsanar una notoria deficiencia de la bibliografía en castellano, y sobre un flanco que no por inactivo (durante la SGM) deja de ser importante. Tiene muy buena pinta.

Estupenda recomendación.
APV Dice:
27 dUTC junio dUTC 2014 a las 10:41 am

Lamentablemente por lo que anunció la editorial según parece ya está agotado.
Urogallo Dice:
27 dUTC junio dUTC 2014 a las 16:18 pm

Es que es un tema muy llamativo. Siempre mencionado, nunca tratado.
Historiador87 Dice:
27 dUTC junio dUTC 2014 a las 17:48 pm

Según me comunicaron en la editorial, creo que está agotado a nivel de distribución vía online, pero puede adquirirse en las librerías que aparecen como puntos de venta en hrmediciones.com
Antígono el Tuerto Dice:
27 dUTC junio dUTC 2014 a las 19:59 pm

Interesante reseña sobre un tema desconocido (al menos para mí). Siempre creí que el enfrentamiento URSS-Japón fue casi inexistente, y que todo el peso de la lucha lo llevaron China y EEUU.
APV Dice:
28 dUTC junio dUTC 2014 a las 15:55 pm

Tampoco se ha publicado mucho sobre el conflicto en China en castellano.
Quinto Fabio Dice:
28 dUTC junio dUTC 2014 a las 23:59 pm

Teniendo en cuenta que las fuerzas comunistas de Mao ya eran lo suficiente fuertes por encontes, me parece desafortunado decir que la campaña soviética en Manchuria está tras la creación de la República Popular China. Imagino que el libro no aclarará tampoco la cuestión de los prisioneros de guerra nipones, de los cuales más de 70000 murieron en el cautiverio.
Stalin actuó de manera ventajista y no atacó a Japón cuando puedo hacerlo, dejando mientras que se desangraran japones y angloamericanos.Declaró la guerra a última hora y exigió demandas territoriales que no se correspondían para nada con los logros bélicos de la URSS. Por cuanto los japoneses nunca produjeron en serie para su ejèrcito un tanque que pudiera combatir en términos de igualdad con los occidentales (ni siquiera antes de Pearl Harbor), sus combates terrestres contra los rusos siempre estuvieron destinados al fracaso.
Urogallo Dice:
29 dUTC junio dUTC 2014 a las 13:12 pm

Poco conflicto en China hubo. Entre 1935 y 1945, la aportación de China fue sobre todo diluir en su inmenso territorio a las fuerzas de ocupación imperiales.
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Mensaje por granados Mar Jul 29, 2014 8:41 pm

Nueva "excrecencia "-incluídas notas- del "experto" anticomunista de hislibris, un tal Rodrígo, con una reseña de la archianticomunista anne Applebaum y su librejo sobre el "telón de acero".



L TELÓN DE ACERO – Anne Applebaum

Publicado por Rodrigo | Visto 790 veces

C923666.jpg«Los años posteriores a 1945 no aportaron [a Europa del Este] un New Deal de libertad y justicia social sino una tiranía totalitaria y un sometimiento colonial al imperio soviético». Hugh Seton-Watson

Tras el amargo trago de la Segunda Guerra Mundial, cuyas atrocidades parecían la culminación definitiva de una historia secular de iniquidades y trastornos sin cuento, los pueblos de la Europa centro-oriental podían ilusionarse con una apertura al cambio, el inicio quizás de una nueva era, signada por la instauración de regímenes democráticos y libertarios a la par que soberanos. No es raro que, en los albores de la posguerra, Hugh Seton–Watson, historiador y comentarista político británico especializado en Rusia y Europa del Este, advirtiera un clima de resentimiento hacia los gobiernos del período de entreguerras, por lo general despóticos, ineptos y corruptos; regímenes cuyo recuerdo –sumado al trauma de la confrontación entre las tiranías hitleriana y estaliniana– provocaba «un deseo de cambio violento y una desconfianza respecto de todo lo que decía la clase dominante». Los hechos parecían anunciar la inminencia de lo que sería un vuelco radical en la historia, un vuelco para bien. Sin embargo, bastó un poco de tiempo, muy poco en verdad, para que las esperanzas se vieran frustradas. Ya al año siguiente del fin de la guerra tuvo entera justificación el veredicto célebre de Churchill: “Desde Stettin, en el Báltico, hasta Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero…”. Una vasta porción de Europa fue convertida en una colección de estados clientelares del gigante soviético, reproducciones a escala del país del Gulag, con sus “pequeños Stalin”, sus organismos represivos y toda suerte de mecanismos de control copiados del modelo estalinista. Descorazonado, Seton-Watson pronunció en 1961 su observación citada en el epígrafe; Europa del Este era a esas alturas presa del totalitarismo comunista y del imperialismo soviético (1).

Periodista e historiadora estadounidense de renombre internacional, merced sobre todo a su premiada obra sobre el sistema de campos de concentración de la Unión Soviética (Gulag, 2003), Anne Applebaum nos ofrece en su más reciente libro una panorámica de la caída de Europa del Este en poder de la URSS, abarcando el período comprendido entre los años 1944 y 1956. Desde las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial hasta el aplastamiento de la revolución húngara por los tanques del Ejército Rojo, El telón de acero (2012) muestra la gestación y consolidación de la órbita soviética europea, en un proceso que contó con la complicidad de los partidos comunistas locales –agrupaciones, cabe recordar, netamente minoritarias– y que estableció de paso las coordenadas hemisféricas de la Guerra Fría. Notable síntesis de fuentes secundarias y primarias (éstas en forma de entrevistas y consulta de archivos), el libro procede según un esquema temático, congruente con el propósito de mostrar las vías por las que se asentó la hegemonía soviética en la referida región al tiempo que los modos por los que el totalitarismo comunista secuestró un conjunto variopinto de sociedades. Así pues, El telón de acero constituye un escrutinio de lo que puede tenerse por verdaderas tácticas de infiltración y conquista en ámbitos como la economía, las comunicaciones, la seguridad, el desarrollo de la institucionalidad política, las artes y la cultura, la educación o formación y captación de los jóvenes, las políticas demográficas y las relaciones internacionales, además de estudiar las reacciones de la población y una gama de posicionamientos políticos (colaboradores renuentes, oponentes pasivos, disidentes). Aunque surcado de observaciones en torno a la generalidad de los países de la región, el libro privilegia los acontecimientos de Alemania del Este, Polonia y Hungría, seleccionados por la autora porque ejemplifican en buena medida lo que fue la concreción de un patrón político similar en países profundamente disímiles.

Como es lógico, el enfoque de Anne Applebaum supone una reivindicación del concepto de totalitarismo, latamente controvertido y con frecuencia desvirtuado por el empleo abusivo del vocablo. El marco teórico del que se vale la autora remite al paradigma genérico formulado inicialmente por Hannah Arendt, que en su clásico libro Los orígenes del totalitarismo (1951) reunió la dictadura nazi y el régimen bolchevique bajo un mismo concepto, y, muy especialmente, a la caracterización del totalitarismo delineada por Carl Friedrich y Zbigniew Brzezinski en su obra canónica, Dictadura totalitaria y autocracia (1956): totalitarismo como un régimen de gobierno basado en el predominio de una ideología cerrada y excluyente, en la instauración de un sistema monopartidista encabezado por un líder carismático, en la represión de toda forma de disidencia a través de un sistema de terror –físico o sicológico-, en el monopolio de los medios de comunicación y de las armas y en el control centralizado de la economía a través de organismos corporativos (2). El modelo teórico en cuestión ha sido objetado, entre otras razones, porque haría demasiado hincapié en las analogías entre regímenes como el soviético y el nazi, resultando en un concepto que «capta la síntesis entre ideología y terror que está en el centro de las tiranías modernas, pero [que] borra las diferencias profundas que separan los regímenes reunidos bajo una definición informe y elástica» (E. Traverso) (3). También se aduce que, al fundarse en una idea abstracta -incluso quimérica- de control absoluto y poder ilimitado, el modelo distorsiona la comprensión de formaciones político-administrativas complejas; el sovietólogo Robert Service, por ejemplo, ha opinado que «el término “totalitarismo” no sirve para encapsular las contradicciones existentes en esta realidad [la de la URSS] extremadamente horrible y disciplinada pero también extremadamente caótica» (4). Se trataría por otra parte de un modelo estático, que «casi no deja espacio para el cambio y el desarrollo en la dinámica interna de un sistema» (Ian Kershaw) (5). Los críticos de izquierda suelen juzgar que el modelo tiene menos sustancia que una imagen en negativo de las sociedades occidentales, y que su difusión responde más bien al interés de contar con un mecanismo de legitimación ideológica de la democracia liberal.

Con todo, lo cierto es que no se ha acuñado un término que designe de modo más eficaz a fenómenos histórico-políticos como los mencionados; por lo mismo es que historiadores como Richard Overy, Michael Burleigh, François Furet, Emilio Gentile, Roger Griffin, Jean Meyer y Timothy Snyder -entre otros- han roto lanzas en favor de la teoría del totalitarismo. Suscribiendo los comentarios de Jean Meyer, cabe sostener que el concepto casa bien con regímenes que han sido «resultado de un triple proceso: identificación entre poder y sociedad, homogeneización del espacio social, encierro de la sociedad»; el mismo Meyer ha refinado la idea subyacente al enfatizar que «por totalitarismo se entiende no un Estado empíricamente todopoderoso, sino un sistema que pretende absorber todas las funciones de la sociedad» (6). Afín a esta línea de razonamiento, Richard Overy argumenta que el modelo primario de totalitarismo adolecía en efecto de una formulación abstracta de poder absoluto que no se corresponde con la realidad de los regímenes nazi y estalinista: «Ni Stalin ni Hitler eran absolutistas ideales, pero el dictador perfecto es un invento que está más allá de la historia»; no obstante, una vez que se supera la imagen improbable del déspota omnisciente y todopoderoso, el paradigma en comento aún resulta válido para la categorización de regímenes que se distinguen por la fusión de ideología y violencia y por la escala inaudita de dirigismo y centralización (7). ¿Las diferencias entre el Tercer Reich y el estalinismo, en absoluto marginales? A este respecto, François Furet arguye que el concepto genérico de totalitarismo es un tipo ideal y como tal «no entraña que dichos regímenes sean idénticos o siquiera comparables en todos los aspectos»; lo crucial en este sentido es que no se ha propuesto «un concepto más operativo para definir los regímenes en que una sociedad atomizada, hecha de individuos sistemáticamente privados de nexos políticos, queda sometida al poder “total” de un partido ideológico y de su jefe» (Cool. En cuanto a las supuestas limitaciones heurísticas del concepto derivadas de su asociación antinómica con la democracia liberal, el cientista político Karl Dietrich Bracher se encargó de darle la vuelta al problema al acreditar el valor del concepto de totalitarismo como fuente primaria de la distinción entre democracia y dictadura, enfatizando que el carácter decisivo del fenómeno totalitario reside en el total reclamo de poder, el principio de liderazgo, la ideología exclusiva y la ficción de la identidad entre gobernantes y gobernados (9). Tal como afirma Anne Applebaum, el término “totalitarismo” sigue siendo una descripción empírica útil y necesaria.

Cualesquiera fueran las circunstancias en cada uno de los países invadidos por el Ejército Rojo en su marcha a Berlín, las medidas implementadas en el plazo de pocos meses por los administradores soviéticos revelan un genuino patrón de dominación totalitaria. La autora discrimina cuatro componentes cruciales en este patrón: a) instauración de policías secretas a imagen y semejanza del NKVD –predecesor del KGB–, complementada por el control de los ministerios del Interior y de Defensa por militantes de los partidos comunistas locales; b) usurpación completa de la radio, el medio de comunicación de masas más importante en la época; c) absorción de la sociedad civil a través del acoso y la prohibición de organizaciones independientes –paso previo a la supresión del pluralismo partidista–; d) políticas de limpieza étnica, con sus desplazamientos masivos de “elementos” catalogados como exógenos (a menudo con un tremendo costo en vidas humanas). La transformación de los países ocupados en regímenes totalitarios y estados satélites de Moscú, aunque rápida, no fue abrupta, el mismo Stalin se mostró cauteloso al respecto; pragmático, el dictador soviético exigió –por ejemplo- a los comunistas de Alemania de Este que se atuvieran a una política oportunista que condujese al socialismo en zigzag y dando rodeos. El líder comunista germano-oriental Walter Ulbricht fue terminante al instruir a los suyos: «Queda claro que todo ha de parecer democrático, pero es preciso que lo controlemos todo». Consecuentemente, el partido recurrió en algunos lugares al expediente de situar en el cargo de alcalde a un socialdemócrata, pero en tal caso el primer teniente de alcalde responsable del departamento de personal y el concejal de educación debían ser siempre comunistas (10). Durante un tiempo, pues, la reconstrucción de Europa oriental pareció encaminarse por una vía semejante a la occidental, con elecciones libres, libertad de prensa y de asociación e importantes indicios de liberalización económica. Sin embargo, las medidas antedichas sirvieron de cabeza de puente de una estrategia de penetración y conquista, orientada a hacer de una serie de países un glacis defensivo de la URSS.

Huelga decir que, desde la perspectiva de los líderes soviéticos y sus clientes europeo-orientales, la opinión de la gente acerca de cómo debían rehacerse sus países importaba tanto como podían importarle a Stalin las libertades civiles en su propio feudo. El hecho de haber participado en la resistencia antifascista no constituía en sí una credencial de respetabilidad, sólo contaba la fidelidad a Moscú. A poco de finalizar la guerra no había en Europa del Este partidos más gravitantes que los comunistas, pero esto no se debía a su sustento demográfico, generalmente exiguo, sino a la ubicua presencia de “asesores” del NKVD y del Ejército Rojo. En términos de institucionalidad, las policías secretas representaban la cristalización fundacional del tutelaje soviético; el núcleo de su oficialidad había recibido capacitación en la URSS, y por descontado que la estructuración y el funcionamiento de estos organismos eran ajenos a la incipiente normalidad legal: sólo respondían de su actuación ante la cúpula de los respectivos partidos comunistas. Una vez que las elecciones libres evidenciaron el mediocre poder de convocatoria de los comunistas nativos, éstos transitaron al estadio siguiente de la dominación que fue el de la proscripción de todos los partidos políticos con excepción del propio (paso consumado ya en 1948), procediendo además al recrudecimiento del control de los espacios sociales, culturales y económicos, incluida la persecución de las iglesias. La homogeneización del ámbito político por medio del monopartidismo fue completada con la purga de los propios partidos comunistas, escenificándose juicios amañados o juicios-espectáculo cuyo guión imitaba servilmente el de los procesos del Gran Terror bolchevique de los años 30.

En paralelo se verificó la homogeneización de lo social, acorde con la concepción unívoca y monolítica del credo marxista. Al contrario que en el liberalismo, que confía en una dialéctica fructífera de conflicto y compromiso basada en el pluralismo y la tolerancia, la visión comunista de la historia -determinista y mesiánica a su modo- tiene su correlato práctico en el desprecio de la diversidad de pareceres y el rechazo de la autonomía asociativa. Consecuentemente, los partidos comunistas de la Europa oriental procuraron acabar con los gérmenes de sociedad civil incluso antes de ahogar los despuntes de economía capitalista. Muchas formas de asociación independiente y de índole apolítica (organizaciones culturales, deportivas o recreativas) se vieron primero hostigadas y luego absorbidas por el aparato estatal-partidista. Las agrupaciones religiosas y las instituciones educacionales fueron desde temprano un objetivo prioritario. En palabras de Applebaum, «en muchos lugares, el comercio privado seguía siendo legal cuando la pertenencia a un grupo de jóvenes católicos [ya] no lo era». Las actividades artísticas fueron prontamente supeditadas a un control burocrático centralizado, y las artes debieron someterse a los dictados del realismo socialista y su repudio del llamado “formalismo burgués”.

El proceso de dominación totalitaria solía cobrar un carácter orwelliano que oscilaba entre lo siniestro y lo grotesco. En 1946 nació en Alemania del Este el Partido Socialista Unificado de Alemania, el que desde entonces monopolizó la actividad política legalmente reconocida. A propósito de esto, el Neues Deutschland, periódico comunista, escribió lo siguiente: «No es un sistema monopartidista, sino la consolidación de un frente democrático antifascista unido. Junto a este partido, que representa a millones, a la larga no habrá sitio para ningún grupo escindido». Llevada de un espíritu mordaz, la concejala de Berlín Ruth Andreas-Friedrich glosó esta declaración en su diario: «No es un sistema monopartidista, pero tampoco hay sitio para ningún otro partido». En otro contexto, el ministro de Economía polaco, el comunista Hilary Minc, explicó en 1947 su “batalla por el comercio” en los siguientes términos: «La lucha por la conquista del mercado no implica la eliminación de los elementos capitalistas de mercado, tan solo implica una lucha por el control de esos elementos por parte del Estado Democrático Popular». Salta a la vista que esta no era sino una forma cifrada de comentar el sofocamiento del libre comercio por el control estatal.

Uno de los méritos mayores del libro, fuera de su enfoque temático, es su capacidad de complementar la perspectiva de los grandes acontecimientos con el aporte de los pormenores y los testimonios ilustrativos, muchos de ellos recabados por la autora por medio de entrevistas a personas que vivieron la experiencia totalitaria (no siempre como víctimas). Esta segunda perspectiva surte el efecto de transportarnos a la atmósfera social, moral y sicológica de la época, resultando particularmente funcional al objeto de plasmar el retrato de unas sociedades verdaderamente aherrojadas. En el capítulo relativo a los “colaboradores renuentes”, Applebaum muestra cómo se podía llegar a experimentar en semejantes sociedades una suerte de doble vida, un desdoblamiento perverso de la conciencia, cuando un cúmulo de presiones de todo tipo –incluyendo los mecanismos del terror– obligaban a muchos a fingir un entusiasmo que no sentían por el sistema o a prestarle colaboración a contrapelo de sus inclinaciones más íntimas. La politización integral de la sociedad llegaba a imposibilitar el ejercicio de una neutralidad silenciosa, además de suponer una invasión de la privacidad que forzaba a redoblar el fingimiento. Más que nunca se hizo tajante la división de la personalidad entre las esferas pública y privada, especialmente necesaria si se quería prosperar en el trabajo o, sencillamente, sobrevivir.

En definitiva, El telón de acero satisface el objetivo de exhibir los detalles concretos de un proceso de supremacía totalitaria, o el modo en que una versión específica de totalitarismo pudo apoderarse de un conjunto de países europeos, malogrando la existencia de millones de personas. Todo un ejercicio de lección histórica.

- Anne Applebaum, El telón de acero. La destrucción de Europa del Este, 1944 – 1956. Debate, Barcelona, 2014. 703 pp.

Notas:

[1] Las citas de Seton-Watson, tomadas de Mark Mazower: La Europa negra. Ediciones B, Barcelona, 2001. P. 281.

[2] Ver Carl Friedrich y Zbigniew Brzezinski: Dictadura totalitaria y autocracia. Libera, Buenos Aires, 1975.

[3] Ver Enzo Traverso: La historia como campo de batalla. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2012. Cap. V y VI.

[4] Robert Service: Historia de Rusia en el siglo XX. Crítica, Barcelona, 2000. Pp. 241-242.

[5] Ian Kershaw: La dictadura nazi. Siglo XXI, Buenos Aires, 2004. P. 45.

[6] Jean Meyer: Rusia y sus imperios. Tusquets, Barcelona, 2007. Pp. 300-301.

[7] Ver Richard Overy: Dictadores. Tusquets, Barcelona, 2006.

[8] François Furet: El pasado de una ilusión. Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1995. P. 210.

[9] Ver Kershaw, ob. cit. Pp. 45-46.

[10] Ver Hugh Thomas, Paz armada. Grijalbo, Barcelona, 1988. P 355.



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Mensaje por DeGaulle Vie Ago 15, 2014 7:41 pm

Me alegro de haber conocido este hilo, pues sobre Stalin hay demasiada mentira.
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Mensaje por granados Vie Nov 07, 2014 9:38 pm

otra reseña antisoviética al máximo , a proposito del libro de Victor serge:"Memorias de un revolucionario", como siempre embarullandolo todo, otro anarco-trotkista más que hizó el juego a la derecha mundial.

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En junio de 1935 tuvo lugar uno de los acontecimientos señeros en la historia política de la intelectualidad: el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado con pompa y circunstancia en París. Su objetivo primordial era movilizar a una pléyade internacional de escritores dispuestos a hacer causa común contra el fascismo, cuyo ascenso amenazaba las raíces mismas de la civilización occidental. La organización del evento podía jactarse de involucrar a autores de prestigio: Romain Rolland, André Gide, Henri Barbusse y André Malraux, sin duda los más estelares. Sin embargo, quienes de verdad movían los hilos de la iniciativa eran individuos como Willi Münzenberg, principal y eficacísimo propagandista de la Unión Soviética; Ilya Ehrenburg, maestro de las relaciones públicas de la literatura soviética; y el alemán Gustav Regler, escritor comunista que por entonces se hallaba exiliado en la capital francesa. Debido a los oficios de estos y otros hombres, la motivación antifascista del congreso devino rápidamente una muestra de solidaridad con la URSS, resultando en una lograda operación de propaganda de la Komintern -significativamente, Regler dejó testimonio de que la concurrencia de Boris Pásternak e Isaac Babel a la cita contribuía a la “aldea Potemkin” literaria que se quería erigir de cara al Occidente simpatizante-. Ahora bien, entre las vicisitudes del congreso hubo una que enturbió seriamente la reinante armonía prosoviética, y fue la del denominado “caso Serge”. Victor Serge, marxista indócil y escritor en lengua francesa, sufría en 1935 su segundo año de cautiverio y deportación en tierras soviéticas; su caso proyectaba una sombra sobre la imagen de la URSS que los organizadores del congreso habían tratado de disipar. Las intervenciones al micrófono de la socialista Magdeleine Paz y otros portavoces de la causa de Serge provocaron la ira de la representación soviética y los abucheos de sus compañeros de viaje, pero sentaron las bases de la campaña internacional a favor de la liberación de Serge (la que sería encabezada por Gide y acabaría exitosamente en 1936). De manera indirecta, sembraron también la reputación de Serge como personalidad incómoda, genuino incordio para el régimen soviético y sus valedores occidentales; una reputación que el propio Serge se encargaría de consolidar.

Victor Serge es el seudónimo de Victor Lvóvich Kibálchich (1890-1947). Hijo de anarquistas rusos exiliados, nacido y criado en Bruselas, Serge consumó una trayectoria vital que supo de muy diversas trashumancias y rupturas, pero que en el aspecto político fue una rara muestra de coherencia de principios. Desde su infancia desempeñó una variedad de roles y oficios, desde vendedor de periódicos en las calles de Bruselas y obrero de imprenta en París hasta disidente del estalinismo y escritor polivalente (fue autor de novelas, panfletos y ensayos histórico-críticos, además de redactar unas memorias que deben contarse entre los mejores testimonios de su época); fue también aprendiz de fotógrafo, periodista, editor, traductor en diversas lenguas (tradujo a Boris Pilniak al catalán), agitador, instructor ideológico y funcionario del régimen bolchevique. Transitó desde un temprano anarquismo al marxismo-leninismo. Seguidor una vez de Trotsky, rompió con él a raíz del dogmatismo e intolerancia del que fuera organizador del Ejército Rojo. Vivió sus últimos años en México como revolucionario impenitente y como acérrimo detractor del régimen soviético. La suya fue una vida errante, y, lo que no era infrecuente para los insurrectos de su condición, padeció el presidio, el destierro y el exilio. Refugiado en Barcelona en 1917 luego de un quinquenio de reclusión en una cárcel francesa, fue allí que estrenó su alias de Victor Serge, publicando artículos bajo esta firma en un periódico anarquista. Ya radicado en la tierra de sus ancestros y tras varios años de activo compromiso con el régimen bolchevique, obteniendo provecho de su cualidad de políglota en el área de las publicaciones, en 1928 fue expulsado del partido comunista soviético por su adhesión al bando trotskista.

Siempre díscolo, defensor irreductible del pensamiento crítico y de la libertad de expresión, a un primer y breve confinamiento en prisión, aquel mismo año, sumó una estancia más prolongada en 1933, culminando en la deportación en la ciudad de Orenburgo, sobre la frontera asiática de Rusia. Tras su caída en desgracia se convirtió en escritor a tiempo completo; vetado en la URSS, sus novelas, folletos y estudios eran publicados en París, granjeándole cierto renombre en los medios literarios y revolucionarios franceses. (Algunos de sus escritos tuvieron una pronta difusión en el mundo hispanoparlante, con ediciones en España, Argentina y Chile.) Hombre del género apátrida o cosmopolita, eterno outsider, Serge es uno de aquellos que justifican la categoría de “intelectual extraterritorial”, acuñada por Siegfried Kracauer, o la de “intelligentsia sin ataduras”, por Karl Mannheim: una estirpe característica del convulso siglo XX, propia del «“invitado que se queda”, el “vagabundo” susceptible de adoptar una perspectiva crítica» (Enzo Traverso), cuyo desarraigo hace las veces de privilegiado punto de vista desde el cual el errabundo denuncia los males que los arraigados callan. Serge, por de pronto, detenta el honor de haber sido el primero en calificar públicamente al Estado bolchevique como un Estado totalitario. (En un documento publicado en París en 1933 declaró acerca de la URSS que «en la hora actual, estamos cada vez más en presencia de un Estado totalitario, castocrático, absoluto, embriagado de su poder, para el cual el hombre no cuenta»; sobre esta cuestión, es recomendable leer Victor Serge: Humanismo socialista contra totalitarismo, VV.AA., Siglo XXI, 2009.) Fue también uno de los primeros en exhibir a Occidente el rostro nefasto de la URSS –bien que de modo infructuoso-, anticipándose a la bullada defección de André Gide y su Retorno de la URSS (publicado en 1936; cabe recordar que Gide era hasta entonces uno de los más célebres y mimados compañeros de ruta del régimen soviético). Sus memorias se ven engalanadas por lo que el autor establece como un supremo imperativo categórico: «No renunciar jamás a defender al hombre contra los sistemas que planean la aniquilación del individuo».

Con todo, no conviene perder de vista que Serge era un revolucionario, y que como tal su pensamiento era rehén de unas aspiraciones radicales. Su diatriba antisoviética tenía por objetivo los medios, no el fin; lo que denunciaba era el resultado de la revolución bolchevique, no la revolución en sí. El régimen de Stalin representaba para él una degeneración del Octubre Rojo en vez de su consecuencia fatal. Empero, también es cierto que ya en los días de la guerra civil le violentaban los recursos extremos del bolchevismo. Acaso quedara demasiado en él del antiguo anarquista, o del libertario que en el fondo siempre fue: disentía de la estatización y burocratización impuesta por el régimen, de la supresión de las libertades individuales y de la abdicación -forzada o voluntaria- de la autonomía del pensamiento. Bolchevique y funcionario de segunda o tercera fila, su voz no contaba demasiado… Lo que más le repugnaba, fuera de la intolerancia y el autoritarismo establecidos, eran los métodos criminales de la Cheka. Como revolucionario podía suscribir la aplicación de métodos represivos en la fase inicial de una revolución, pero no la institucionalización de un terror sistemático y permanente. ¿Fue Serge incapaz de comprender que el terror es consubstancial al moderno fenómeno revolucionario? No del todo; pero la circunstancia de que sí comprendiera –en parte al menos- puede afeársele como si de ceguera u obcecación se tratara, pues persistió en su convicción revolucionaria. (Otros, finalmente más lúcidos o más consecuentes, abjuraron de ella: Arthur Koestler, Albert Camus, Margarete Buber-Neumann e Ignazio Silone son algunos ejemplos ilustres. Si interrumpió la muerte una eventual evolución de Serge hacia posturas moderadas, es algo que nunca sabremos.) El hecho es que sus memorias contienen un capítulo sobremanera esclarecedor: el cuarto, titulado “El peligro está en nosotros”. En él, Serge expresa lo siguiente:

«Así como la sociedad capitalista-industrial tiende a abarcar al mundo entero modelando en él a su capricho todos los aspectos de la vida, así el marxismo de principios del siglo XX aspira a tomarlo todo, a transformarlo todo, desde el régimen de la propiedad, la organización del trabajo y el mapa de los continentes (por medio de la abolición de las fronteras), hasta la vida interior del hombre (por medio del final de la religiosidad). Aspirando a una transformación total, era, en el sentido etimológico, totalitario. […] El pensamiento bolchevique procede de la posesión de la verdad: a los ojos de Lenin, de Bujarin, de Trotsky, de Preobrazhenski y de muchos otros, la dialéctica materialista de Marx-Engels es al mismo tiempo la ley del pensamiento humano y la del desarrollo de la naturaleza y de las sociedades. El partido detenta sencillamente la verdad; todo pensamiento diferente del suyo es error pernicioso o retrógrado. Tal es la fuente espiritual de su intolerancia. La convicción absoluta de su alta misión le asegura una energía moral asombrosa –y al mismo tiempo una mentalidad clerical pronta a hacerse inquisitorial.» (Las cursivas me pertenecen.)

¡Rotundo diagnóstico! Más adelante, Serge afirma que en el marxismo de los bolcheviques había una forma de inconsciencia que les permitía hacer caso omiso de las contradicciones internas de su revolución. La ideología importaba más que la realidad; los axiomas y las consignas filtraban la percepción de la realidad, escamoteándola: «Las palabras “dictadura del proletariado” explicaban para ellos todo, mágicamente, sin que se les ocurriera preguntarse dónde estaba, qué pensaba, sentía, hacía el proletariado dictador». «Por intolerancia, atribuyéndose el monopolio absoluto del poder y de la iniciativa en toda materia, el régimen bolchevique se hacía rígido, difundía en el país una especie de parálisis general, hacía desesperar de la revolución». La conclusión cae por sí misma, igualmente rotunda: «El totalitarismo está en nosotros». Desolado, Serge pudo constatar que la naturaleza dogmática e intransigente del bolchevismo, aupada por circunstancias extremas como la guerra civil y la llamada “economía de guerra”, derivó en la implementación de un estado de sitio perenne que se apoderó de los soviets, del partido mismo y de la sociedad entera. «El totalitarismo está en nosotros».

Personalidad incómoda, Serge, habitualmente posicionada a contracorriente. Después de su liberación, en 1936, regresó al Occidente de sus años mozos, en donde constató que seguía siendo un marginal, un apestado político. Establecida su residencia en París, ejerció como un denodado crítico de la Unión Soviética, pero sus artículos y sus libros eran objeto de una doble hostilidad: para la derecha, su opinión seguía siendo la de un revolucionario; para la izquierda no era más que un traidor, y lo que se imponía era cubrir su voz bajo una riada de insultos. En vez de la objeción razonable o el desmentido fehaciente de sus escritos, lo que la extrema izquierda le oponía era la injuria, la denuncia y la amenaza. La época era la de los juicios espectáculo en Moscú y el aplastamiento de la izquierda española disidente en plena guerra civil (simbolizada por el asesinato de Andreu Nin, con quien Serge había trabado amistad en Leningrado). Codo a codo con André Breton, Magdeleine Paz y otros, Serge fundó un “Comité para la investigación sobre los procesos de Moscú y para la defensa de la libertad de opinión en la revolución”, en un vano esfuerzo por abrir los ojos de los sectores que se negaban a creer que los juicios fuesen una farsa, o que los comunistas subordinados a Moscú pudieran ser tan sectarios y extremistas como en España. Al Comité le fue imposible encontrar un periódico que publicase sus documentos. Escribe Serge: «Fue verdaderamente, durante años, la lucha de un puñado de conciencias contra la asfixia completa de la verdad, en presencia de crímenes que decapitaban a la URSS y prepararon pronto la derrota de la República española. A menudo teníamos la impresión de gritar en el desierto».

Las Memorias de un revolucionario congregan a una cohorte de personalidades emblemáticas, con las que Serge tuvo contacto y de las que frecuentemente traza unas semblanzas inapreciables. Puede mencionarse entre otros a intelectuales ideólogos como György Lukács y Antonio Gramsci; escritores como Barbusse, Gide, Andréi Biely, Maiakovsky, Gorki, Panait Istrati, Pásternak, Saint-Exupéry; el italiano Angelo Tasca, socialista y autor del clásico estudio El nacimiento del fascismo, a quien en los años de la Segunda Guerra Mundial se verá como petainista y funcionario del régimen de Vichy; Vera Figner, la legendaria terrorista involucrada en el asesinato del zar Alejandro II, ya septuagenaria y hostigada por los bolcheviques (deportada como Serge a Orenburgo); muchos de los revolucionarios y políticos soviéticos y de otros países, naturalmente (Nin, Durruti, Béla Kun, etc.)… Sería improcedente hacer una lista exhaustiva de celebridades, lo relevante es que su presencia en las páginas de estas Memorias completa el fresco de un medio siglo absolutamente crucial en la historia, y ofrece un aliciente más para su lectura.

Serge falleció en noviembre de 1947 a causa de un ataque cardíaco, en Ciudad de México. La edición de sus memorias por la editorial Veintisiete Letras fue precedida en 2002 por la edición a cargo de Siglo XXI, bajo el título de Memorias de un mundo desaparecido (1901-1941). En años recientes se han publicado en España otras dos de sus obras: El destino de una revolución (Los Libros de la Frontera, 2010; primera edición en castellano por Editorial Ercilla, Santiago de Chile, 1937), y la novela El caso Tuláyev (Alfaguara, 2007 , y Capitán Swing, 2013).

Como broche de la reseña, uno de tantos fragmentos luminosos del libro:

«Cualquiera que sea el valor científico de una doctrina, desde el momento en que se hace gubernamental, los intereses del Estado no le permiten ya la investigación desinteresada; y su seguridad científica misma la conduce primero a imponerse en la educación, luego a sustraerse a la crítica por los métodos del pensamiento dirigido, que es más bien el pensamiento asfixiado. Las relaciones entre el error y el conocimiento justo son todavía demasiado oscuras para que pueda pretenderse regularlos por autoridad; sin duda los hombres necesitan largas trayectorias a través de las hipótesis, los errores y los ensayos de la imaginación para llegar a desbrozar conocimientos más exactos, en parte provisionales: pues hay pocas exactitudes definitivas. Es decir que la libertad del pensamiento me parece uno de los valores más esenciales».

– Victor Serge, Memorias de un revolucionario. Veintisiete Letras, Madrid, 2011. 608 pp.

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10 Respuestas a “MEMORIAS DE UN REVOLUCIONARIO – Victor Serge”
Urogallo Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 15:58 pm
Esta reseña apesta a subjetivismo cosmopolita…

Rodrigo Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 16:48 pm
Serás perverso, Kolia…

Urogallo Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 17:02 pm
La objetividad de la justicia popular no admite esas precisiones.

Urogallo Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 17:25 pm
Profunda reseña Misha. Ya desde un principio, el sueño del paraiso de los trabajadores proyectaba sombras. No solo por sus posibles carencias y fracasos, sino sobre todo por la forma que tenía de afrontar cualquier disidencia. Encaminado a la consecución de un ideal (Uno u otro, eso es lo de menos), no cabía aceptar las posiciones particulares o las discrepancias frente a la voluntad del Gran Hermano.

Rodrigo Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 17:49 pm
… Todo lo cual no es accidente sino la esencia de una mentalidad: utópica, totalitaria y terrorista.

El libro es muy bueno. Muy movido, bien escrito, cuajado de reflexiones interesantes. De lo mejor que he leído en su género. Encima, Serge era también un buen novelista, a juzgar por El caso Tuláyev.

Rosalía de bringas Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 18:48 pm
¡Qué interesante lectura! Y qué vigente, ¿no? (al menos por aquí)

Felicidades, Rodrigo (¿y cuántas van?) por esta reseña tan oportuna en el momento que atravesamos, cuando los planteamientos revolucionarios (históricos) parecen estar recobrando actualidad y la cultura (entendido como humanismo en todas sus dimensiones) acaso se nos plantee como el último espacio para la disidencia…

Gracias y un saludo.

Rodrigo Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 19:26 pm
Precisamente, hay libros y hay temas que no pierden actualidad, a pesar de todo lo llovido. Recuperar esos libros es una iniciativa inapreciable, por lo que se agradece el esfuerzo de editoriales como Veintisiete Letras.

Gracias, Rosalía.

El niño vampiro Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 23:01 pm
Gran reseña.
Este libro es absolutamente apasionante, y fundamental para cualquiera que esté interesado en la historia del s.XX, los totalitarismos y la revolución. Curiosamente, uno termina la lectura familiarizado con el Serge revolucionario, pero con la persona. Espero que algún día alguien publique una buena biografía del personaje, porque vale realmente la pena.
Asimismo, El caso Tuláyev es un novelón fascinante, casi a la altura de El cero y el infinito. He tenido la suerte, además, de leer (en inglés, pues en español es inencontrable) Hombres en prisión, una crónica novelada de los cinco años que pasó en prisión en Francia, tras el caso de los terroristas, y de nuevo no tiene desperdicio. La única explicación a que Serge sea un desconocido es su carácter de personaje sumamente incómodo para unos y otros.
Saludos.

El niño vampiro Dice:
4 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 23:11 pm
Donde decía “terroristas” quería decir “anarquistas” (la banda de Bonnot, si no recuerdo mal). No sé en qué estaría yo pensando.

Rodrigo Dice:
5 dUTC noviembre dUTC 2014 a las 13:44 pm
Exacto, la banda Bonnot.

Gustándome la novela de Koestler, pienso que El caso Tuláyev es
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Mensaje por granados Lun Nov 10, 2014 2:12 pm

la propia página en inglés de Wikipedia -mucho más completa que la española- reconoce "sotto voce" las actividades subversivas e ilegales de victor serge en la URSS:http://en.wikipedia.org/wiki/Victor_Serge


He respondio brevemente a la reseña de Hislibris sobre Victor serge:


a reseña de Rodrigo es pura fraseología y desconoce ó bien omite las actividades ilegales de Serge en la Unión soviética.

Victor serge fue mienbro del bloque de troskistas y zinovievistas formado en 1932 y que actuaba junto con otros grupos subversivos en la URSS como el grupo Sten-leonididze y Safarov-Torkhanov.



Los historiadores han negado durante mucho tiempo la existencia de estas organizaciones conspirativas que se dedicaban al sabotaje y al terrorismo.

Pero la apertura en 1980 del archivo leon trotsky de la Hougton Library proporcionó evidencia palmaria a través de la correspondencia de Leon Sedov y trotsky de la existencia de estas organizaciones corroborando las informaciones de los juicios de Moscú de 1936,1937,1938.

Esta inforamción está disponible en los artículos de arch getty (1986),Pierre broue(1980) y en la versión rusa del artículo de arch getty publicada en 1991 en
"Voprosy Istorii Kpss" asi como en un artículo de Vadim Rogowin (1995) .

Arch getty además encontró evidencia que estos archivos habían sido purgados eliminando evidencia comprometedora y que Trotsky mintió sobre sus relaciones con la oposición antisoviética tanto en la comisión Dewey como en el "Boletin de la oposición".

El propio Victor serge contribuyó a la campaña de intoxicación difundiendo la tesis que Serguei Kirov había sido asesinado en 1935 por un "pistolero solitario"- en realidad la idea original fue de Enukidze-, a pesar que existe numerosa evidencia que Kirov fue aesinado por el grupo terrorista de Zinoviev al que Serge estaba vinculado.

En suma , la obra de Victor serge está llena de falsedades,errores deliberados y juicios de valor que chocan con la evidencia de la que disponemos actualmente.
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Mensaje por granados Mar Nov 18, 2014 8:32 pm

Hoy se reseña otra obra de Victor Serge,"El caso Tulayev" publicada por el capitan Swing, más allá que Serge era muy buen escritor de ficcción, está claro que esta novela es una transposición literaria y una justificacion protrotkista - aunque el grupo de Trotski no tuvo una influencia directa sino el de Zinoviev-kamenev- del asesinato de Kirov en diciembre de 1934.

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El reseñador Rodrigo, como siempre se limita a hacer juicios de valor sin tener la menor idea de la materia histórica de la que se trata, confundiendose y confundiendo a los posibles lectores con la idea de que ficción novelada y verificación histórica son lo mismo.

Salta a la vista que la muerte violenta del tal Tuláyev, personaje ficticio, tiene por modelo el asesinato de Sergéi Kirov, ocurrido en 1934, y del que Stalin se sirvió como pretexto para su cruenta operación de exterminio



En otro capítulo tenemos la plasmación de un interrogatorio o desigual confrontación entre acusador y acusado, pasaje sin el cual una novela sobre las purgas de los años 30 resultaría incompleta; dramática ilustración de los procedimientos inquisitoriales del estalinismo
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Mensaje por granados Miér Jun 10, 2015 11:34 am

Otra reseña más del "experto" anticomunista de hislibris,Rodrigo, cómo siempre llena de "jucios de valor",argumentos circulares y falsedades (por ignorancia deliberada).

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INGENIEROS DEL ALMA – Frank Westerman
Publicado por Rodrigo | Visto 391 veces

Una historia ética de la literatura mundial tendría en Rusia mucho, muchísimo paño que cortar. En efecto, pocas tradiciones literarias exhiben un talante ético tan evidente como la rusa, especialmente su era dorada, la de los grandes maestros: piénsese por de pronto en nombres como Dostoievski, Tolstói, Gógol, Turguéniev, Chéjov, pilares todos de la narrativa universal, invariablemente impulsados por un vívido interés en cuestiones morales. No es que resulten irreprochables, los autores y sus respectivas obras –no son unos santones, aunque alguno de ellos lo pretendiese-, pero sí es cierto que la inspiración ética tiene en la literatura rusa clásica una de sus cotas más elevadas. Ahora bien, un historiador ético de la literatura encontraría en la misma tradición nacional una zona oscurísima, una sima lóbrega y de muy escabrosa constitución. El siglo XX, el mismo que deparó al mundo obras de intachable catadura moral como Archipiélago Gulag, Relatos de Kolymá y Vida y destino, es también el siglo de obras como Lucharon por la patria, de Mijaíl Shólojov (1942), una de las más repulsivas expresiones de servilismo literario en honor de un dictador. Es el siglo de Belomor (El canal del Mar Blanco, 1934), libro en que, en palabras de Sozhenitzyn, “por primera vez en la historia de la literatura rusa se ensalzaba el trabajo de esclavos”; se trata de una publicación colectiva dirigida por Máximo Gorki en que treinta y seis escritores soviéticos hacen la apología de la construcción del canal del Mar Blanco, una obra faraónica llevada a cabo en condiciones incruentas y que se cobró muchas vidas entre las decenas de miles de trabajadores explotados por el régimen, prisioneros del Gulag. Es el siglo, en fin, del denominado “realismo socialista”, cuyo sumo pontífice fue precisamente Gorki: una corriente literaria nacida de las urgencias propagandísticas del régimen bolchevique e impuesta como camisa de fuerza ideológica a los escritores de la URSS. No era sólo que los temas y los recursos estilísticos debían subordinarse al canon realista-socialista, sino que el contenido debía siempre prevalecer sobre la forma y que el nivel de complejidad de la literatura debía ser mínimo, coartando como pocas veces se ha hecho la libertad creativa en el ámbito de las letras. El mismísimo Stalin fijó el estándar supremo del realismo socialista: los escritores debían emular a los ingenieros y técnicos que proveían a la industrialización de la Unión Soviética, debían velar por la sovietización de la población. Debían ser, en palabras del tirano, los “ingenieros del alma”.
Una de las vertientes más significativas del realismo socialista soviético es la “literatura industrial”, cuyo origen obedecía a la exhortación lanzada por Gorki de que los escritores –pero también los artistas en general, los “liriki”- debían documentar la construcción del país, complementando la labor de ingenieros y técnicos de diversas especialidades (“fisiki”) que se aplicaban a la tarea de modelar la realidad material de la URSS. Entre los más importantes autores de obras industriales estuvo Konstantin Paustovski (1892-1968), un multifacético escritor moscovita que adquirió notoriedad merced a su libro La bahía de Kara Bogaz (1932), cuyo tema es la construcción de un complejo industrial destinado a la producción de sal en la costa oriental del Mar Caspio (una región árida ubicada en el actual Turkmenistán). Paustovski y la industrialización de la referida zona son los temas que sirven de hilo conductor en Ingenieros del alma, obra del holandés Frank Westerman publicada originalmente en 2002. Westerman (n. 1964) es ingeniero agrónomo de formación, carrera desde cuyo ejercicio derivó al periodismo y la escritura. Se desempeñaba como corresponsal en la Rusia postsoviética cuando leyó La bahía de Kara Bogaz, experiencia que, aunada a su afinidad profesional con la lucha contra los desiertos y a su interés por la historia soviética, lo motivó a rastrear las huellas tanto de la trayectoria vital y literaria de Paustovski como del asunto del mentado libro. Para ello recurrió a una serie de fuentes, incluyendo entrevistas con familiares del escritor, con promotores de su legado literario (existe un Instituto Paustovski en Moscú) y con individuos vinculados al área de la industrialización en la era soviética (entre otros, una historiadora de la química y un ictiólogo informado de los desastres ecológicos provocados por la planificación soviética en Asia Central). Además, Westerman hizo la ruta a Kara Bogaz Kol, en pos de las ruinas de la factoría de sal celebrada por el escritor ruso. También visitó las islas Solovetski, en el Mar Blanco, cuyo antiguo campo de concentración de Solovkí –sito en lo que fuera un monasterio- es hoy un museo abierto que recuerda las atrocidades del régimen bolchevique: el campo fue un «vertedero de seres humanos» (Westerman dixit), una de las primeras y más crueles estaciones del Gulag; Gorki lo visitó cuando operaba como tal, llevándose la ingenua impresión de que se trataba de un centro de rehabilitación social. Bien pronto descubre el lector que Ingenieros del alma, la obra en que el holandés plasma su doble indagación, tiene como telón de fondo el tema de la literatura rusa bajo la férula del estalinismo.

Paustovski, Máximo Gorki, Andréi Platónov y Boris Pilniak son los protagonistas de la peculiar inmersión de Westerman en la era del realismo socialista. Cada uno de ellos representa una variedad de aristas de lo que supuso esta verdadera prisión del espíritu creativo de la literatura rusa, cuyos barrotes eran forjados por la más férrea de las censuras y que implicó una vergonzosa claudicación moral por buena parte de los escritores soviéticos. (Téngase presente la fórmula de Shólojov, rotunda expresión de servidumbre voluntaria: “Cada uno de nosotros escribe lo que le dicta el corazón. Pero nuestros corazones pertenecen al Partido”.) Gorki (1868-1936) fue entre los literatos el mayor responsable de haber dado forma y sustento ideológico al realismo socialista. Encumbrado a la categoría de suprema autoridad de la literatura soviética, tras superar sus reticencias para con el nuevo régimen, hizo cuanto estuvo en su mano por supeditar la literatura a una función propagandística, reduciéndola al papel de lacayo de la ideología y el régimen imperantes. Paustovski, cuyo temperamento lo inclinaba a una literatura de estro romántico, vendió su alma al bolchevismo y cultivó el subgénero industrial, el que cantaba las alabanzas de las obras de ingeniería hidráulica y la industrialización de la URSS. Nunca se sintió incómodo con los principios del régimen, que recompensó su complacencia con toda clase de mimos. (Al final de su vida tuvo la decencia de defender públicamente a escritores perseguidos como Solzhenitzyn, Yuli Daniel y Konstantin Siniavski; por entonces su prestigio como escritor oficial lo hacía prácticamente invulnerable a las represalias.)

Platónov y Pilniak, en cambio, personifican la otra cara de la moneda. Platónov (1899-1951) era ingeniero electrotécnico, su ejercicio de la profesión lo puso en contacto directo con la planificación y con la industrialización a marchas forzadas del país. Tempranamente se entregó a su vocación literaria, escribiendo relatos y novelas de tenor satírico en que la censura halló fuertes indicios de disconformidad política. Hizo su propia y singular contribución a la literatura industrial: Las esclusas de Epifanio (1927), narración ambientada en la época de Pedro I, descrita por Westerman como «la historia de un proyecto hidráuli­co demencial que concluye con una decapitación en el Kremlin». Con cierta tardanza, la obra fue puesta en la picota por la crítica, y no por motivos literarios: desde 1929 Platónov devino un paria de las letras. Nunca vio publicada la mejor parte de su trabajo; la que se considera su opera magna, la novela distópica Chevengur, sólo vio la luz en la URSS en 1988. Platónov fue una de las numerosas víctimas del Gran Terror, dando con sus huesos por largo tiempo en un campo de concentración, en el que contrajo la tuberculosis que terminó segando su vida. Por otro lado, la maquinaria asesina se cebó sin dilaciones en Boris Pilniak (1894-1938), quien fue ejecutado tras un brevísimo proceso en lo más álgido del período del Terror. Su novela Un año desnudo (1922), en torno al año de la revolución, lo había puesto en la mira del régimen. Caído definitivamente en desgracia al mismo tiempo que su amigo y colaborador Platónov, trató de reivindicarse ante las autoridades con una obra de asunto industrial: El Volga desemboca en el Caspio (1930), con las proezas de la ingeniería hidráulica como piedra angular de la narración. (Desvío de ríos, construcción de canales, construcción de presas, electrificación: estos temas fueron cruciales en la literatura industrial.) Sus tratos con André Gide cuando éste efectuó su célebre viaje a la URSS fueron la perdición de Pilniak.

Ingenieros del alma es un libro que cruza fronteras de género y desafía las clasificaciones. Reúne lo mejor de la ensayística y del periodismo investigativo, haciendo alarde de una destreza expositiva que por su amenidad, intensidad y lucidez recuerda la magnífica obra de Ryszard Kapuściński, incluyendo lo que tiene de literatura viajera. Cada uno de los hilos que componen su madeja –ya está dicho: la vida y obra de Konstantin Paustovski, los traspiés de la planificación industrial soviética y las penurias de la literatura rusa en tiempos del estalinismo-, cada uno de estos motivos es en sí mismo un filón en el conocimiento de una de las épocas más sórdidas en la historia de la humanidad.

– Frank Westerman, Ingenieros del alma. Siruela, Madrid, 2005. 318 pp. También en Debolsillo, 2009.

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