Morir en Madrid. Conversaciones de Durruti con su escribiente
Drama en cuatro actos
César Peña - año 2017
112 páginas de buen formato pdf
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El encuentro entre dos hombres muy diferentes; un suceso arduo de imaginar, pero cierto. Durruti el guerrillero, el atracador, el obrero metalúrgico, el comandante de una columna de milicianos libertarios dispuestos a morir por La Idea, frente a un cura rural de treinta y dos años, Jesús Arnal Pena, natural de Candasnos, provincia de Huesca, al que salva la vida y acoge con respeto bajo su protección.
Permanecieron juntos hasta días antes de la muerte de Durruti, acaecida un 20 de noviembre de 1936. Incluso después, Jesús Arnal Pena se mantuvo fiel a su misión de escribiente dentro de la Columna Durruti, ya convertida en la 26ª División del ejército republicano, a la que acompañó hasta que atravesó la frontera francesa en 1939.
Imaginar a los dos juntos, a solas, en una humilde casilla de peón caminero donde se había montado la oficina que gestionaba el papeleo de la Columna, genera todo un universo de escenas de convivencia, de diálogos y, por supuesto, de contrastes. Porque tenía que haberlos por necesidad; Durruti, el militante anarquista intransigente, el ateo irredento, y el sacerdote conservador, temeroso de Dios y de los hombres (en ese momento más de los hombres), defensor del orden y las buenas costumbres burguesas, que temía el nuevo mundo que la revolución social estaba poniendo en marcha. Jesús Arnal Pena no era un converso a las ideas anarquistas, estaba protegido por alguien casi incuestionable como era Durruti. Eso le hacía desdibujar su figura eclesiástica, sin convertirle en un miliciano, aproximándole a algo intermedio de definición compleja, quizá huidizo, tal vez camaleónico; por sus hechos, ético, pues pudiendo haber escapado cuando tuvo ocasión no lo hizo.
En base a esa convivencia atípica se construye esta obra en la que se describen un conjunto de sucesos documentados por el propio Jesús Arnal Pena en su libro Yo fui el secretario de Durruti (1996), por Abel Paz en Durruti en la revolución española (2004) y por Hans Magnus Enzensberge en El corto verano de la Anarquía (2006).
Drama en cuatro actos
César Peña - año 2017
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El encuentro entre dos hombres muy diferentes; un suceso arduo de imaginar, pero cierto. Durruti el guerrillero, el atracador, el obrero metalúrgico, el comandante de una columna de milicianos libertarios dispuestos a morir por La Idea, frente a un cura rural de treinta y dos años, Jesús Arnal Pena, natural de Candasnos, provincia de Huesca, al que salva la vida y acoge con respeto bajo su protección.
Permanecieron juntos hasta días antes de la muerte de Durruti, acaecida un 20 de noviembre de 1936. Incluso después, Jesús Arnal Pena se mantuvo fiel a su misión de escribiente dentro de la Columna Durruti, ya convertida en la 26ª División del ejército republicano, a la que acompañó hasta que atravesó la frontera francesa en 1939.
Imaginar a los dos juntos, a solas, en una humilde casilla de peón caminero donde se había montado la oficina que gestionaba el papeleo de la Columna, genera todo un universo de escenas de convivencia, de diálogos y, por supuesto, de contrastes. Porque tenía que haberlos por necesidad; Durruti, el militante anarquista intransigente, el ateo irredento, y el sacerdote conservador, temeroso de Dios y de los hombres (en ese momento más de los hombres), defensor del orden y las buenas costumbres burguesas, que temía el nuevo mundo que la revolución social estaba poniendo en marcha. Jesús Arnal Pena no era un converso a las ideas anarquistas, estaba protegido por alguien casi incuestionable como era Durruti. Eso le hacía desdibujar su figura eclesiástica, sin convertirle en un miliciano, aproximándole a algo intermedio de definición compleja, quizá huidizo, tal vez camaleónico; por sus hechos, ético, pues pudiendo haber escapado cuando tuvo ocasión no lo hizo.
En base a esa convivencia atípica se construye esta obra en la que se describen un conjunto de sucesos documentados por el propio Jesús Arnal Pena en su libro Yo fui el secretario de Durruti (1996), por Abel Paz en Durruti en la revolución española (2004) y por Hans Magnus Enzensberge en El corto verano de la Anarquía (2006).