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Crisis y reconstrucción de la alternativa comunista - Justo de la Cueva - extracto de «Esplendor, crisis y Reconstrucción de la alternativa comunista» - texto del año 2000

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Mensaje por lolagallego Sáb Abr 24, 2021 8:45 pm


Crisis y reconstrucción de la alternativa comunista

Justo de la Cueva

extracto de «Esplendor, crisis y Reconstrucción de la alternativa comunista»
- texto del año 2000

▬ 2 mensajes


5. La reconstrucción de la alternativa comunista y la actual oleada de luchas.

Lo que entendemos por la reconstrucción de la alternativa comunista exigirá, entre otras cosas, ese esfuerzo deliberado por editar, conocer, estudiar, criticar y aplicar el marxismo originario. Pero exigirá también que tomemos conciencia de que esa propia reconstrucción está ya en marcha. Lo está en el sentido de que las condiciones objetivas del planeta y de la Humanidad convierten hoy más que nunca a la alternativa comunista en la única salida viable al caos que nos amenaza. Por eso afirmábamos en la primera parte de esta ponencia que el esplendor de la alternativa comunista es HOY. Porque Marx tenía razón.

Está en marcha además porque son numerosas las regiones del planeta en las que cobran creciente fuerza las luchas anticapitalistas. El caso del MST brasileño es emblemático pero felizmente no único. Queremos terminar esta ponencia refiriéndonos a una serie de esas luchas que están menos en el centro de la atención pública (entre otras cosas porque el Capital se encarga de que sean lo menos conocidas posible). Lo haremos reproduciendo aquí un fragmento de un texto reciente (del 20 de septiembre de 1999) de Iñaki Gil de San Vicente. Ese texto se titula Aproximación sintética a la nueva oleada de luchas en el Centro capitalista. Reflexión sobre sus lecciones para Euskal Herria y está publicado en la web de la RED VASCA ROJA

La parte de ese texto que creemos más pertinente para nuestro propósito dice así:

“LA ACTUAL OLEADA DE LUCHAS.

Las medidas tomadas para salir del atolladero de finales de los sesenta y comienzos de los setenta del siglo XX, tienen efectos tremendos y globales que, durante un tiempo, han debilitado más o menos seriamente la capacidad de lucha de la clase que vive del trabajo asalariado. La simultaneidad entre medidas político-económicas, tecnológicas, divisionistas e intimidatorias ha hecho que las conquistas arrancadas con la oleada anterior de luchas estén en serio peligro, y muchas de ellas ya muy debilitadas. Introducir en el proceso de producción el complejo sinérgico formado por la informática, nuevos materiales y energías, biotecnologías, industria transcultural y en el plano teórico las perspectivas abiertas por la física cuántica, ha impuesto una transformación insospechada hace sólo dos décadas. Se trata de un cambio de más profundidad que el causado por la máquina de vapor y por la máquina de explosión interna y la electricidad, agudizado por la imparable marcha globalizadora del capital y por el ataque implacable a la centralidad clásica de las clases trabajadoras, formada por las masas de obreros de mono azul de las grandes fábricas ahora sometidas a la deslocalización, flexibilización y coordinación mundializada.

Aunque todo parece indicar que l@s oprimid@s hemos perdido ya cualquier posibilidad de resistencia a este maremoto arrasador, si estudiamos con más detenimiento dos cosas comprenderemos que no es así. Una es el hilo rojo de la historia de la lucha de clases que se alimenta de la centralidad del Trabajo, sobre la que ya hemos dicho lo esencial antes. La otra es la realidad actual no según la tergiversan los medios propagandísticos burgueses, o sencillamente la niegan e invisibilizan, sino según palpita, vive y se autoorganiza en la calle. En este segundo aspecto debemos decir que, en primer lugar, el sistema teórico, o si se quiere el paradigma dominante en las ciencias sociales, en la economía y en la prensa no están capacitados para reflejar correctamente la realidad de la lucha de clases, y menos para facilitar su estudio crítico. En segundo lugar, además, los intereses directos de las burocracias político-sindicales y universitarias presionan en contra de esos estudios críticos, frenándolos, negándolos o boicoteándolos. Y en tercer lugar, las experiencias prácticas mantenidas hasta ahora, si bien se multiplican, apenas han sido sometidas a la criba teórica necesaria para extraer conclusiones generalizables y relativamente definitivas.

Sin embargo, sí podemos ya precisar con más detalle concreto varias formas de luchas reivindicativas que se decantan por entre las muchas resistencias desorganizadas, puntuales, fulgurantes pero muy discontinuas y descoordinadas. De entre esa variedad hemos extraído cinco que consideramos importantes. El orden de exposición no refleja el orden de surgimiento concreto en cada sociedad, nación, Estado o zona europea.

5.1.- La defensa de lo social.

Según se debilita el obrero de mono azúl y aumenta la desrregulación y el ataque al salario social, etc, aumenta la cantidad, variedad e interconexión del asociacionismo. No podemos discutir ahora sus relaciones con los viejos y nuevos movimientos sociales, con los sindicatos y partidos clásicos, etc. Dejando de lado la experiencia estadounidense, en Europa se aprecian diferencias entre el modelo inglés de asociacionismo y el continental, y en éste, surgen diversidades según las experiencias estatales. La impresionante movilización social contra las feroces privatizaciones del gobierno conservador británico, por ejemplo el rechazo masivo de las tasas por el alquiler de las viviendas, que aceleraron la caída de Thatcher; la no menos impresionante lucha de masas contra las medidas antisociales que sacudió el Estado francés en el invierno de 1995, o las luchas obreras alemanas, belgas, italianas, o las marchas europeas contra el racismo, o contra la precarización y el paro, etc, nada de esto se comprende en el contexto actual sin recurrir al nuevo, complejo y creciente asociacionismo que lentamente y con muchos problemas se va extendiendo por Europa.

En barrios, escuelas, cultura, consumo, ocio, deporte, droga, salud, minorización, represión, comunicación, etc; con diferentes relaciones institucionales; con o sin referencias político-ideológicas, etc, con estas y otras diferencias, hoy como en las anteriores fases u oleadas de lucha, resurge la “ayuda mutua”. Esta experiencia se produce también desde comienzos de los noventa en las grandes conurbaciones norteamericanas con estallidos sociales como el de Los Angeles y otras ciudades en 1992, también en Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, Mexico, o también en el sudeste asiático a raíz de la pavorosa crisis financiero-industrial desatada en el verano de 1997, y con especial virulencia en Indonesia, Malaisia, etc. Queremos insistir en que, por una parte, estas luchas conservan profundas relaciones con luchas similares incluso precapitalistas, medievales, feudales y esclavistas. La razón consiste en que, excepto en los peores regímenes dictatoriales, los poderes dominantes siempre han tenido que conceder ciertos niveles de asistencialismo, de ayuda alimentaria, de protección ante la inseguridad vital, de control de la pauperización absoluta, etc, respondiendo a las protestas sociales y al interés egoísta de las clases dominantes por asegurar su continuidad. A lo largo y en el interior de las culturas populares, de las tradiciones de l@s oprimid@s, se han mantenido latentes, utópicos, ucrónicos o conscientes recuerdos de viejas conquistas y derechos arrancados a la minoría. Hoy reviven en las condiciones actuales, con formas actuales.

Por otra parte, además, ahora es tan tremendo el ataque contra las formas contemporáneas de protección social que las masas empiezan a reaccionar con una contundencia que muy pocos esperaban hace una década. En realidad, como veremos a lo largo de las luchas posteriores, actualmente la defensa de las conquistas sociales puede adquirir un esencial contenido sociopolítico precisamente debido a la importancia decisiva que para el Capital tiene el trasvase o mejor decir expropiación de renta obrera y popular para aumentar el beneficio privado burgués. Por esto, en su esencia, defender cualquier derecho colectivo es cuestionar el poder capitalista. Y aunque todavía estamos frecuentemente en luchas defensivas y no ofensivas, incluso esa resistencia genera terremotos políticos más o menos importantes según los casos. Las pequeñas victorias obtenidas en estas batallas frecuentemente ignoradas o silenciadas por la prensa burguesa, generan autoconfianza, seguridad en las propias fuerzas, producen experiencias y teorías críticas, crean redes de autoorganización y autodefensa popular, abren espacios de vida colectiva que multiplican las fuerzas generales de emancipación.

5.2.- La reorganización obrera.

Muchas de las gentes que impulsan esos colectivos son antigu@s militantes de izquierda y sindicalistas asquead@s. Otras son personas que se han educado en ambientes izquierdistas, progresistas y democráticos, con contactos personales con militantes o con grupos de voluntariado popular y social. Por eso, cuando surgen protestas en las que se interrelacionan fábricas, barrios y problemas populares y sociales, casi inmediatamente los sindicatos y esos grupos tienden a colaborar. El que sus burocracias se opongan o restrinjan esa colaboración, sólo trae desastres y desuniones. Pero las burocracias no pueden arriesgarse a que la tendencia crezca incontroladamente porque tienen miedo que sus bases se contagien del democraticismo directo y asambleario de la mayoría del asociacionismo. Por eso, una de las cuestiones que más azuza el debate del nuevo sindicalismo es la de conectar con quienes luchan contra la precariedad, el paro juvenil, la salud laboral abandonada por el sindicalismo, el ecologismo popular, la cultura creativa, los transportes, el racismo, el trabajo negro y clandestino, las guarderías, etc, etc.

Si ésta es una vía de contacto, otra es la propia reflexión interna del sindicalismo consecuente, necesitado de tomar la ofensiva contra la globalización pero todavía relacionado internacionalmente según los cánones de la fase anterior. En algunos casos, los del movimiento obrero clásico de la fase anterior, todavía no derrotado, las luchas defensivas sostenidas en varios sitios europeos parecen querer superar aquella derrota estrepitosa que el capital británico infringió a los mineros y trabajadores portuarios. Recientemente, las propuestas de la industria automovilística alemana, por ejemplo, reflejan un equilibrio inestable que, junto a otras experiencias, indican que podemos estar en la calma relativa que precede al temporal. En otros casos, la imbricación de todos los problemas y malestares sociales reaparece con más fuerza cuando se anuncia un conflicto obrero en alguna empresa importante y referencial para la memoria de la clase trabajadora. Este es el caso de lo sucedido en el Estado francés al conocerse las severas medidas antiobreras de la multinacional Michelín, cuando precisamente vive un período de aumento de beneficios. Podríamos extender estos análisis a las duras huelgas en Corea del Sur en el sector automovilístico, con fuertes resonancias sociales, y la huelga del sector de transportes y comunicaciones en los EEUU, mostrando la interrelación de todos los problemas colectivos, etc, y su cohesión última alrededor de la centralidad del Trabajo.

Lo cierto es que por varias vías, el sindicalismo de comienzos del siglo XXI no tiene ya la pasividad práctica y teórica del de finales de los ochenta. Si en las oleadas anteriores de lucha, la autocrítica sindical había sido un paso necesario en el ascenso ofensivo, ahora, a escala diferente, sucede lo mismo. Hemos visto cómo la clase trabajadora tuvo que transformar los gremios artesanales en sindicatos de oficio, éstos en sindicatos industriales, éstos en sindicatos antifordistas y ahora estamos en el proceso de crear los sindicatos antitoyotistas y antineofordistas. En cada salto organizativo la clase trabajadora ha tenido que ampliar y mejorar internamente su unidad obrera, luchando contra los divisionismos y las trampas; también ha tenido que mejorar y ampliar externamente sus relaciones con los movimientos populares y sociales, con otras luchas existentes en esos momentos. Este proceso revive hoy en las condiciones actuales.

Interesa, en este sentido, remarcar que, por una parte, los sindicatos antitoyotistas y antineofordistas no tienen más remedio que asumir la lucha contra la precarización y contra el paro estructural como un eje decisivo incluso en el interior de las fábricas, e inseparable de la lucha contra las nuevas disciplinas laborales y sistemas de explotación. Y por otro lado, si esto que es una obviedad no va unido a una asunción militante de los valores democráticos y políticos cuestionados por el Capital, y sobre todo la lucha contra la dictadura del salario. Es decir, renace el debate entre el sindicalismo sociopolítico o revolucionario y el sindicalismo economicista, interclasista y apolítico, debate que existe desde que nació el propio movimiento obrero. Solamente así se pueden solucionar discusiones estériles sobre si ha muerto o resucitado el proletariado, si se ha aburguesado, si ha desaparecido el Trabajo, etc, y se puede entrar a un conocimiento más riguroso de la actual composición de la clase obrera en sus fracciones y en su papel vertebrador del pueblo trabajador en su conjunto.

5.3.- Hacia otro proyecto europeo.

Otro campo de expectativas es el del rechazo o indiferencia de mucha gente a la unificación burguesa europea. Después de campañas masivas de incitación al voto europeo, las últimas elecciones de verano de 1999, han votado menos de la mitad de los 297 millones de electores. Si hubiera sido un abstencionismo a lo yanki, passota e indiferente, o si la derecha y el nazi-fascimo hubieran subido considerablemente, entonces el panorama sería más preocupante. Pero ha sido un abstencionismo masivamente obrero y popular para un Parlamento en el que la derecha era mayoritaria desde siempre. La derecha ha crecido proporcionalmente, pero no en votos; se ha centralizado más alrededor del Partido Popular Europeo. Tampoco ha crecido la extrema derecha y el nazi-fascismo. Sí se han recuperado, por contra, las organizaciones revolucionarias, los verdes y ecologistas, los independentistas y los movimientos asociativos que se habían autoorganizado para presentarse electoralmente, e incluso también han crecido los comunistas oficiales.

Al margen del retroceso electoral socialdemócrata en Alemania y Austria, laborista en Gran Bretaña, y otros cambios electorales, en el marco europeo la burguesía en modo alguno ha ganado la batalla. Si en las oleadas anteriores de lucha se cuestionaba a su modo la legitimidad burguesa en el plano internacional, ahora, a escala diferente sucede lo mismo. La tarea callada y muchas veces sin aparente futuro de miles de personas progresistas criticando la reordenación de la jerarquía interburguesa europea, que es de lo que se trata, ha ido calando progresivamente en un tierra popular reseca por la sangrienta memoria de guerras, atrocidades, injusticias y sacrificios que han acarreado las reordenaciones anteriores. Aunque en esta reordenación europea, la cuarta en su historia, las burguesías no quieren recurrir a la violencia intensa y menos a la guerra abierta, si bien las tendencias están ahí presentes, como siempre, según lo confirman las crisis balcánicas actuales, aunque es así, la memoria colectiva de los pueblos europeos sigue latiendo y se reactiva en muchos sectores cuando es regada con el agua de la crítica progresista. Crecen así las posibilidades de acción solidaria internacionalista en nuestro continente, un tema que no podemos desarrollar aquí.
 
 
 


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Mensaje por lolagallego Sáb Abr 24, 2021 8:47 pm


5.4.- La lucha por la identidad.

El parón en la legitimidad de la unificación burguesa europea va unido al aumento de las identidades colectivas, populares y nacionales. Se ha difuminado la euforia de los ideólogos del llamado postnacionalismo, que aseguraban que los Estados y la Unión Europea estaban libres del cáncer corrosivo de los nacionalismos disgregadores. Impulsaban la desmembración multinacional del Este, pero vaticinaban que en el Oeste los pueblos sin Estado y las culturas regionales no incrementarían su fuerza. Ocurre que la toma de conciencia nacional es el nivel más consciente y profundo de un proceso de recuperación de la identidad colectiva que, frecuentemente, comienza con dudas, preguntas, inquietudes y tareas en colectivos de base, deportivos, recreativos, culturales, etc, para ir creciendo y arraigando. Aunque no todos estos inicios concluyan en conciencia nacional de pueblo sin Estado, sí laten en su germen. Pero también se construyen identidades grupales y colectivas no tan definidas como las nacionales pero sí amplias, como las regionales con base cultural y lingüística, etc. Unas, las identidades de los pueblos sin Estado no han sido derrotadas, sino al contrario; otras, en casi todos los Estados renacen las identidades regionales; además, a escala social cotidiana, muchos grupos asociacionistas crean identidades que de algún modo se oponen a la férrea disciplina monocorde y unidimensional definitoria del sujeto y del colectivo inherente a la unificación burguesa europea en curso.

Si la llamada “cuestión nacional” ha estado siempre dentro mismo de todas las oleadas anteriores de lucha, ahora, a escala diferente sucede lo mismo. En estas condiciones son perfectamente normales las diversas estrategias en contra de esta dinámica ascendente y que podemos resumir en tres bloques: el de la socialdemocracia europea, obsesionada por crear un abstracto “ciudadano europeo” que sin embargo no cuestione las identidades nacionales oficiales, opresoras de pueblos y culturas regionales; el de las derechas diversas, que van desde las añoranzas de los conservadores ingleses y su negativa a “entrar” en Europa hasta los nacionalismos reaccionarios como los españoles y franceses y, por último, los movimientos racistas y nazi-fascistas que reaparecen en muchas zonas. Frente a esto, carecemos de una propuesta alternativa como fue aquella que hicieron los bolcheviques en la primera época revolucionaria, para construir una Europa socialista, pero sí debemos reactualizar su contenido y enriquecerlo con las experiencias posteriores.

5.5.- Por una comunicación critica.

La crítica de comienzos de los noventa al FMI, GATT y la estructura de poder impuesta en Bretton Wood en 1944, bien pronto avanzó de su inicial especialización crítica económica al neoliberalismo para plantear demandas culturales y de comunicación alternativas, llevados por las iniciativas sociales de creatividad cultural e información veraz y contrastable. Los debates sobre Internet y las redes informáticas, la crítica radical de la industria cultural globalizada, las crecientes autoorganizaciones en red de colectivos y grupos, este proceso multiplicador, tiene un alcance muy superior comparativamente hablando al que en tiempo tuvo la imprentilla revolucionaria, la multicopista clandestina y la radio libre. La fuerza de este complejo movimiento no se alimenta sólo de su propio impulso, aun siendo enorme, sino sobre todo de sus ágiles e irrompibles interconexiones en diferentes niveles con las otras cuatro tendencias ascendentes arriba expuestas. Es más, éstas no tendrían ya ningún futuro sin el recurso a las redes de interconexión, debate democrático y contrastación inmediata de las versiones oficiales. Si cada oleada anterior de lucha ha dispuesto de sus sistemas de comunicación propios y relativamente libres del control represor burgués, ahora, a escala diferente, sucede lo mismo.

Pero las contratendencias en este asunto son poderosas. La centralización y concentración de los medios es un proceso que además de responder a la lógica interna del capitalismo también, sobre todo en este tema, interesa a los poderes tanto para mantener dominadas a las clases trabajadoras como paras sus propias disputas internas. La potenciación de sistemas críticos de comunicación entre l@s oprimid@s europe@s es una de las necesidades más urgentes. Los medios habituales disponibles por las izquierdas ya no sirven ni para ellas mismas con sus propios pueblos y clases, ni para relacionarse entre ellas dentro de Europa. Las transformaciones globales son de tal alcance que estamos ante una de las prioridades esenciales. Casa oleada precedente de luchas logró crear un sistema comunicativo propio que, con todas sus dificultades, podía coordinar los debates y hasta acciones comunes dentro de la velocidad del tiempo histórico establecida en cada período. Generalmente los errores de coordinación venían de las organizaciones que incumplían acuerdos o retrasaban su puesta en marcha. Un ejemplo estremecedor fue el incumplimiento de la Huelga de Masas contra el estallido de la guerra en agosto de 1914 por parte de los partidos socialdemócratas, aunque llevaban años debatiendo al respecto y aceptando declaraciones oficiales en Congresos que les obligaban a ello.

5.6.- Hacia el trabajo creativo.

Por último, asistimos a una tendencia que se orienta hacia la crítica de la concepción burguesa del trabajo como exclusivo medio de acceder al hiperconsumo y al éxito personal. Sin entrar aquí al debate de alguna corriente sociológica sobre la tendencia al postmaterialismo, es decir, el salto a la calidad de vida tras quedar asegurada la satisfacción de las necesidades elementales, hay que decir que, en primer lugar, esta tendencia es permanente en la especie humana ya que una vez satisfecha la producción de bienes de vida se pasa a producir bienes de placer superfluo, que se convierte luego en placeres necesarios para la propia creatividad humana. En segundo lugar, obviamente, esta constante humana manifiesta en las comunidades mal llamadas “primitivas” tiene esencial relación con otra constante humana cual es la muy bien llamada ley del mínimo esfuerzo. Solamente los alienados, enloquecidos o amenazados con tormentos insufribles realizan trabajos duros, pesados, insalubres, agotadores, pestilentes e inmundos, y encima mal o nulamente pagados. Nadie cuerdo es esclavo por libre voluntad.

Periódicamente, cuando la sociedad concreta ha acumulado un excedente colectivo y una riqueza amplia de placeres y medios de creatividad, surgen sectores que reivindican y hasta practican formas de vida que niegan el ascetismo, la austeridad y el estoicismo reaccionarios y su ideología del sacrificio laboral. De hecho, el control y disfrute de esos recursos de placer es una de las causas más profundas de la lucha de clases. En el mundo grecorromano, en el Renacimiento, en la Ilustración, en la bohemia romántica, en la izquierda revolucionaria, por no extendernos, hubo movimientos así. Desde mediados de los sesenta del siglo XX comenzaron a resurgir en Europa. La dogmática stalinista y maoísta combatió esta reivindicación con la misma o más fuerza que la burguesa, contradiciendo abiertamente el contenido dionisíaco, epicúreo y hasta báquico de la visión marxiana y sobre todo engelsiana.

En la actualidad, el Capital intenta reforzar una subideología del esfuerzo austero como base del hiperconsumo y del triunfo individualista. El Capital tiene miedo pánico a que el Trabajo reivindique junto a la socialización de la propiedad, también la reducción drástica del tiempo asalariado y una inmensa ampliación del tiempo libre y de los recursos sociales de placer emancipador y creativo. La burguesía necesita que los trabajadores se agoten individualmente en trabajos brutales, mal pagados, frustrantes y embrutecedores, descualificados e hipersimplificados; y necesita que los trabajadores se despedacen entre sí para acceder a esos trabajos esclavizadores, inciertos y precarios. Restringe las posibilidades de un placer controlado y funcional para una pequeñísima minoría de elegidos, y para un sector algo más amplio de esquiroles y siervos que se mueven en la frontera de la precariedad y el lujo. Por eso mismo es tan importante ampliar las reivindicaciones contra el trabajo enajenante, alienador y esclavizador, y exigir la superación histórica del salariado y la generalización del trabajo creativo, concreto. Volvemos así a la importancia clave de la centralidad del Trabajo.

Que estas tendencias sean ciertas no significa que estén ya aseguradas, que crezcan, se expandan y se coordinen hasta triunfar. Nade es eso. Insistimos en que son tendencias porque son reversibles, porque pueden detenerse, estancarse y retroceder. Pueden ser derrotadas, aplastadas; pueden ser engañadas, confundidas, desorientadas, corrompidas y podridas por la burguesía y el reformismo que las encauza por la vía muerta del institucionalismo hasta hundirse en el cenagal colaboracionista. En oleadas anteriores de lucha ha sucedido esa mezcla de represión y/o integración colaboracionista. Sin profundizar en los paradigmas, sistemas y estrategias represivas que el capital ha aplicado en cada fase de lucha, hay que decir que la que ahora emerge se enfrenta a un sistema represivo -también integrador y asimilador- nuevo caracterizado el control y explotación flexibles y televigilancia generalizada, selectividad integradora y asimilacionista, marginación y exclusión de la disidencia, empleo de policía militarizada de intervención rápida y militarización social. Una victoria de este nuevo sistema es la desactivación de muchas ONGs que comenzaron con buenas intenciones y han acabado siendo cajas recaudadoras para partidos, chatarrerías de burócratas obsoletos e instrumentos de confusión y desorientación. Esta cuestión es importante porque nos permite conocer las dificultades que ya empezamos a sentir.”

6. El socialismo hacia el comunismo que los comunistas vascos propugnamos

Dentro de esas razones subjetivas existentes para afirmar que el esplendor del comunismo es HOY tampoco vacilamos en afirmar, con la humildad que consiste en decir la verdad, que hay que contar con la fuerza y la tenacidad con la que el Pueblo Trabajador Vasco pelea por su independencia y por el socialismo. El socialismo entendido, por supuesto, sólo como la fase consciente y transitoria que prepara el desarrollo del comunismo

Bien es cierto que en el Movimiento de Liberación Nacional Vasco seguimos la tradición y el principio metodológico de los clásicos marxistas de no hacer utopías futuristas. Es bien sabido que en esos clásicos marxistas no hay modelos prefijados, acabados y sellados como los que, por el contrario, sí se formularon en el socialismo utópico o en el anarquismo.

Sin embargo, aunque mantenemos ese principio metodológico y teórico muy acertado, sí debemos decir y decimos cómo no queremos que sea el socialismo

Independentista. Debemos decir y decimos que sabemos los errores que no tenemos que cometer, aunque justo empezamos a saber las cosas que sí tenemos que lograr.

He aquí, por ello, un puñado de principios teórico-estratégicos que intentamos popularizar e insertar en las dinámicas políticas concretas del proceso político vasco y que creemos pueden ser también útiles a nuestros camaradas de otros pueblos:

1) Nuestro socialismo, antes que nada, ha de romper con la dominación patriarcal, con el imperio del macho, del marido y del monarca. Esta ruptura, que debe prolongarse y profundizarse durante varias generaciones, es una prioridad estratégica, de largo alcance, tan importante como el control obrero, la superación procesual de la propiedad privada burguesa, la socialización de las fuerzas productivas, la nacionalización y control popular de la banca y los resortes financieros, la destrucción del ejército burgués y la creación de un sistema de defensa basado en el pueblo en armas, voluntario e integrador de todos los métodos de resistencia….

Nuestro socialismo ha de basarse en la construcción consciente de otra forma de especie humana, de otro cuerpo, de otra sensibilidad, amor y placer. No debe ser sólo un socialismo que luche contra la explotación asalariada sino también que defienda otro concepto de trabajo y, por tanto, de relaciones humanas, de afectividades e interioridades. Un socialismo que mantenga la visión del trabajo como algo forzoso, duro, alienante y no enriquecedor sería un socialismo incapaz de construir dimensiones omnilaterales y polícromas de creatividad humana. Y por ello la superación del patriarcalismo es imprescindible.

2) Nuestro socialismo no puede tampoco quedar ceñido al poder de una burocracia parasitaria, enquistada y protegida en y por los aparatos de Estado, partido único, sindicato obligado, asociaciones forzosas de vecinos, juventud y mujeres, entidades controladoras de artistas, científicos y deportistas, prensa sumisa y monocolor. De una burocracia que, acorazada detrás de esos poderes injustos, dicte y ordene todos los aspectos de la vida, colectiva e individual. Del mismo modo que reivindicamos una nueva vivencialidad psicofísica, intersexual y superadora de los roles y géneros, también, a la fuerza por cuanto van unidos, reivindicamos formas asamblearias, consejistas, horizontalistas de intervención popular y obrera.

El modelo de partido único es dañino. Ninguna sociedad puede pretender abrirse a una explosión de creatividad, que es una de las características del socialismo, si está encorsetada por las estrechas mentes de los burócratas enmohecidos. Ningún proceso emancipador, que a la fuerza ha de afrontar toda serie de boicots, cercos, sabotajes y agresiones que no tienen por qué ser pública e inmediatamente militares y guerreras, sino que pueden empezar siendo económicas, políticas, culturales, sanitarias y alimenticias y tecnológicas, puede resistir largo tiempo si no está dirigido conscientemente por el pueblo. Este punto es tan básico como el anterior porque atañe a algo que se olvida casi siempre que se habla de socialismo: mucho más importantes que la estructura política, siéndolo ésta mucho, son la voluntad, la consciencia, la decisión, el llamado factor subjetivo de las masas que se dirigen a sí mismas porque dentro de ellas están las estructuras autoorganizadas.

3) No menos importante en nuestro socialismo ha de ser la generalización de una forma cualitativamente superior de relaciones con la Naturaleza, con el ecosistema y hábitat nuestro y mundial. El desarrollismo capitalista, el consumismo ciego e irracional y la destrucción de energías y materias finitas e irrecuperables, son hipotecas, cadenas que nos atarán más temprano que tarde a nuevas formas de explotación y por ende suprimirán nuestra independencia nacional. La ecología no es una moda, es una exigencia ético-política. No es un truco capitalista para vender más contaminando en el Tercer Mundo o regiones lejanas, es un sabio ahorro de bienes cada vez más escasos y quebrantados. La ecología no es un somnífero para yuppies atormentados por su mala conciencia sino una práctica colectiva de reunificación de la especie humana con la naturaleza.

Pero la generalización social de modos de vida, de ahorro y reciclaje, de consumo racional e integrado, de descontaminación y de proyectos a medio y largo plazo, semejante tarea esencial a nuestro socialismo, no puede existir si no existe un debate colectivo sobre el criterio de necesidad, de cualidad de vida, de sentido de existencia, de interiorización de las consecuencias acumulativas y sinérgicas en un futuro de nuestros más nimios y en apariencia superficiales vicios consumistas. Todo ello nos remite otra vez a los dos puntos precedentes. Y es que el socialismo es la consciencia llevada a la acción, o no es nada, excepto dogmas y palabras huecas.

4) Por último, nuestro socialismo no puede darse dentro de los estrechos y castradores tópicos eurocéntricos. O somos internacionalistas a la vez que independentistas, o nada. Así de sencillo. No existe posibilidad alguna de crear una isla de la justicia e igualdad en medio de un océano de opresión e injusticia. Duraríamos muy poco si no estuviéramos dentro de un proceso más generalizado de emancipación. Pero ello nos exige superar nuestros racismos eurocéntricos, nuestras xenofobias occidentalistas. Tenemos que aprender de otros pueblos y civilizaciones, de culturas más “pobres” -¿en qué?- y con otros códigos y parámetros. También hemos de aprender a relacionarnos con las clases oprimidas dentro de la misma Europa, con esas masas cada vez más empobrecidas y maltratadas. En suma, se trata de comprender que nuestro socialismo no puede repetir el error estratégico del llamado “socialismo en un solo país”, lo que nos lleva a desarrollar estrategias y tácticas de desconexión paulatina, procesual pero valiente de los centros imperialistas. Es posible y es necesario.
 
El internacionalismo no es sólo una maniobra de supervivencia y un recurso egoísta de pedir ayuda. Es antes que nada una nueva concepción de la unicidad del mundo, de la pertenencia de todos los pueblos a la misma especie humana, de la existencia de una misma problemática y de un mismo enemigo. Es por tanto una concepción nueva, filosófica e histórica, humanista y ético-moral. Concepción esencialmente unida a la ecologista por cuanto ambas parten de los mismos problemas, contemplados desde otra perspectiva y campo de acción, para coincidir en los mismos resultados prácticos. Concepción esencialmente democrática por cuanto se opone y lucha contra todo poder, esté donde esté y se disfrace de la cultura que sea. Por último, dado que replantea desde otra visión la escisión de la especie en sí y consigo misma, abogando por una radical unicidad, por ello mismo es incompatible de facto con el patriarcalismo.

No debería sorprender a nadie la clara interrelación teórica y práctica de los cuatro puntos descritos. No podía ser de otra manera. El socialismo es una totalidad multicolor que asciende por el arco iris de la conciencia emancipada. Sus tonalidades y matices son infinitos, su belleza es única.

Es así como los comunistas vascos estamos pensando el socialismo que tenemos que construir. El socialismo que sea, repito, la fase consciente y transitoria que prepara el desarrollo del comunismo.

(Esta descripción de los principios teórico-estratégicos sobre el socialismo que los comunistas vascos propugnamos reproduce casi textualmente parte de un trabajo de Iñaki Gil de San Vicente titulado Independencia y socialismo publicado en la web de la RED VASCA ROJA trabajo cuya lectura recomiendo calurosamente)   
 



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Mensaje por lolagallego Sáb Abr 24, 2021 8:51 pm


El texto completo está publicado en el Foro:

"Esplendor, crisis y Reconstrucción de la alternativa comunista" - texto de Justo de la Cueva - año 2000




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